Nueva Zelanda impulsa personalidad jurídica para ballenas con proyecto de ley Tohorā Oranga
Editado por: Olga Samsonova
La conservación marina en Aotearoa, Nueva Zelanda, ha alcanzado un hito legislativo con la introducción del Proyecto de Ley Tohorā Oranga el 11 de febrero de 2026. Esta propuesta busca conferir personalidad jurídica a las ballenas, denominadas tohorā, transformando el marco legal para que los responsables de la toma de decisiones ambientales y marítimas reconozcan y respeten los derechos inherentes de estos cetáceos. El proyecto fue impulsado por el Miembro del Parlamento del Partido Verde, Teanau Tuiono, y se fundamenta en los principios de te ao Māori, promoviendo un enfoque relacional y basado en valores en contraste con modelos de gestión ambiental puramente extractivos.
Los derechos propuestos para las ballenas incluyen la libertad de movimiento y migración, la protección de sus comportamientos naturales y el derecho a prosperar en un entorno marino saludable. Este planteamiento se alinea con un movimiento global creciente que reconoce los derechos de la naturaleza, desafiando las leyes medioambientales antropocéntricas. Precedentemente, el Parlamento de Nueva Zelanda ya había otorgado estatus legal a entidades naturales significativas para los maoríes, como el río Whanganui y el volcán Monte Taranaki, ambos reconocidos como personas jurídicas en 2017. La iniciativa del Tohorā Oranga Bill busca extender esta protección ancestral a las ballenas, consideradas taonga, o tesoro, y ancestros por las comunidades maoríes.
El contexto de esta propuesta se enmarca en amenazas persistentes para las poblaciones de cetáceos, incluyendo la contaminación, el cambio climático y el enredo en artes de pesca, que a nivel mundial causa cientos de miles de muertes anualmente. A pesar de estos peligros, algunas poblaciones han mostrado resiliencia; las ballenas jorobadas, por ejemplo, experimentaron un repunte, alcanzando una estimación de 80,000 individuos, atribuido en parte a su adaptabilidad dietética según investigaciones de finales de 2025.
El rol ecológico de las ballenas es fundamental para la salud oceánica, ya que estos gigantes actúan como sistemas móviles de reciclaje de nutrientes. Facilitan el ciclo de nutrientes a través de sus heces ricas en hierro y nitrógeno, lo que fertiliza el fitoplancton, base de la cadena alimentaria y agente clave en el secuestro de carbono atmosférico. Un solo ejemplar de gran ballena puede secuestrar aproximadamente 33 toneladas de dióxido de carbono, una contribución que se perdió significativamente durante la caza industrial del siglo XX, la cual se estima removió 23 millones de toneladas de CO2 de los ecosistemas marinos, dejando a las poblaciones actuales con solo el 15 por ciento de su capacidad original de captura de carbono.
Paralelamente a los avances en Nueva Zelanda, existe un debate internacional sobre el bienestar de los cetáceos en cautiverio. En Francia, la situación de las orcas Wikie, de 23 años, y su hijo Keijo, de 11 años, es crítica tras el cierre del parque Marineland Antibes en enero de 2025, debido a la prohibición de espectáculos con cetáceos promulgada en 2021. Estas dos orcas son las últimas en cautiverio en el país y permanecen en estanques deteriorados, lo que ha generado llamados urgentes de organizaciones como TideBreakers para su reubicación, posiblemente en el Whale Sanctuary Project en Nueva Escocia, Canadá, un proyecto que aún requiere 15 millones de dólares para su construcción. La discusión sobre el destino de Wikie y Keijo subraya la tensión entre la legislación de bienestar animal y la logística de reubicación de animales de gran porte nacidos en cautiverio.
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Fuentes
Our Culture
L’actualité
Our Culture Mag
Holiday Today
NOAA Fisheries
Waatea News: Māori Radio Station
World Population Review
info.gouv.fr
Batinfo
INsauga
QUB radio
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