El Café: De Riesgo Cardiovascular a Aliado del Microbioma, según la Ciencia Actual
Editado por: Olga Samsonova
El epidemiólogo británico Tim Spector ha liderado una reevaluación sustancial sobre el consumo de café, revirtiendo su percepción histórica como una sustancia potencialmente riesgosa a un componente beneficioso para la salud digestiva y cardiometabólica. Esta visión moderna contrasta con el escepticismo médico predominante en la década de 1980, cuando la bebida era frecuentemente asociada a peligros cardiovasculares, un error que Spector ha señalado como un ejemplo de las equivocaciones médicas. La evidencia científica actual, basada en estudios poblacionales, indica que el consumo moderado no solo es seguro, sino que ofrece protecciones significativas, incluyendo una reducción de hasta el 15 por ciento en el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, un efecto observado tanto en variedades con cafeína como descafeinadas.
El fundamento de estos beneficios trasciende el efecto estimulante de la cafeína y reside en la composición química del grano. El café constituye una fuente rica en polifenoles y fibra soluble, funcionando como un prebiótico que nutre la flora intestinal. Una taza de café filtrado puede aportar cerca de 1,5 gramos de fibra soluble, una cantidad comparable a la presente en una mandarina, lo cual es esencial para promover un ecosistema microbiano más variado y robusto. Esta modulación del microbioma se correlaciona con mejoras sistémicas, como una mejor regulación de la glucosa en sangre y una reducción de la inflamación general.
Los bebedores habituales de café demuestran una mayor abundancia de bacterias beneficiosas, con un incremento notable en la población de *Lawsonibacter asaccharolyticus*, una cepa que se favorece por los compuestos del café. Investigaciones publicadas en la revista Nature Microbiology han validado esta correlación, sugiriendo que esta bacteria específica podría ser un factor clave en los efectos positivos observados en la salud. El Dr. Spector, cofundador de la compañía de nutrición Zoe, sugiere una dosis diaria sensata, estableciendo el rango óptimo entre dos y cuatro tazas diarias, una pauta que él mismo sigue consumiendo entre tres y cuatro tazas, concentradas principalmente en la mañana y a la hora del almuerzo.
No obstante, el epidemiólogo enfatiza la necesidad de un consumo consciente, advirtiendo que la adición excesiva de azúcares o la combinación con alimentos ultraprocesados puede neutralizar o revertir estos efectos protectores. La evidencia acumulada, que abarca desde la protección cardiovascular hasta la modulación metabólica, posiciona al café consumido en su forma pura como una de las bebidas más saludables, incluso superando al té verde y al matcha en beneficios específicos para el microbioma. Los polifenoles del café, como el ácido clorogénico y el ácido quínico, llegan al colon sin absorberse completamente, donde son transformados por la microbiota en metabolitos con mayor actividad antioxidante, subrayando una interacción simbiótica que fortalece la barrera intestinal.
La investigación, que ha analizado datos de más de 77,000 participantes, resalta que la diversidad microbiana, un indicador fundamental de bienestar, se enriquece directamente con este hábito diario. El enfoque actual se centra, por lo tanto, en integrar esta bebida dentro de un patrón dietético general amplio en vegetales para optimizar la ingesta de diversos polifenoles, consolidando al café como un elemento de la salud preventiva moderna.
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Fuentes
O Globo
ZOE
ELTIEMPO.com
Mundo Deportivo
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