Investigación Científica Detalla Potencial Radioprotector y Oncológico del Miso Fermentado
Editado por: Olga Samsonova
El miso, una pasta fermentada ancestral a base de soja, está siendo objeto de un renovado escrutinio científico por sus propiedades, particularmente su potencial para mitigar los efectos de la radiación. Esta revalorización se sustenta en observaciones históricas posteriores a los bombardeos atómicos de Nagasaki, donde se notó que el personal médico y los pacientes que consumían diariamente sopa de miso, frecuentemente acompañada de alga wakame, no manifestaron enfermedad aguda por radiación, incluso cerca del epicentro de la detonación.
Investigaciones experimentales han profundizado en esta capacidad protectora, indicando que un periodo de fermentación prolongado, específicamente de 180 días, optimiza la producción de compuestos del miso más eficaces en la defensa del ADN y la mucosa intestinal tras la exposición a la irradiación en modelos animales. Además de su rol en la defensa contra la radiación, el miso demuestra una promesa significativa en la oncología gracias a la presencia de genisteína. Este compuesto bioactivo ha sido asociado con efectos anticancerígenos al interferir con la angiogénesis, inhibiendo el suministro de sangre a los tumores.
Estudios en ratones han documentado la eficacia del miso en la supresión del desarrollo de tumores hepáticos, mamarios y pulmonares. La genisteína, una de las isoflavonas de la soja, ha demostrado bloquear la acción genotóxica de compuestos como el cromo hexavalente, reduciendo los micronúcleos en un 84% a las 48 horas en modelos murinos, lo cual subraya el valor de los fitoestrógenos presentes en los productos de soja fermentada.
Un aspecto que desafía las percepciones comunes es el contenido de sodio del miso. Tradicionalmente, se consideraba que la ingesta elevada de miso podría contribuir a la hipertensión. No obstante, la evidencia experimental sugiere una dinámica diferente; en modelos de ratas genéticamente sensibles a la sal, la ingesta habitual de sopa de miso atenuó la elevación de la presión arterial inducida por la sal, con reducciones que alcanzaron hasta 35 mmHg en comparación con la sal sola. El consumo de miso no elevó la presión arterial en ciertas cepas de ratas, a diferencia de la administración de cloruro de sodio equivalente, sugiriendo que los componentes generados durante la fermentación modulan el efecto hipertensivo del sodio.
Adicionalmente, el consumo de miso se ha correlacionado con la preservación de la salud cerebral, mostrando efectos protectores contra el accidente cerebrovascular en ratas espontáneamente hipertensas y propensas a accidentes cerebrovasculares (SHRSP), a pesar de su contenido salino. El proceso de fermentación, que convierte la soja con la ayuda del hongo Aspergillus oryzae, no solo mejora la digestibilidad y el contenido de isoflavonas, sino que también aporta probióticos esenciales para la salud intestinal. El miso, cuyo nombre se documenta en Japón desde el año 900, tiene raíces en China donde los fermentos de cereales se usaban con fines medicinales desde el 200 A.C.
En el Japón feudal, el miso elaborado con arroz blanco era un artículo de lujo, llegando a ser utilizado como moneda. Hoy en día, Estados Unidos es el principal productor mundial, superando a las naciones asiáticas. El consumo a largo plazo de este condimento, que aporta el quinto sabor, el umami, se vincula con la regulación de la presión arterial y la protección del sistema cardiovascular, además de potenciar la digestión mediante el aporte de enzimas, ofreciendo un perfil de beneficios que supera las preocupaciones iniciales sobre su contenido de sal.
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Fuentes
Net.hr
PMC
SciSpace
Alive+Fit
ResearchGate
Rethinking the Water-Salt Relationship Through Miso and Miso Soup: Exploratory Perspectives on Their Possible Roles in Cancer and Radiation Therapy
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