Científicos Buscan Cuantificar el Afecto Positivo en Delfines y Aves
Editado por: Olga Samsonova
La comunidad científica está adoptando un enfoque riguroso para medir las emociones positivas, o "afecto positivo", en el reino animal, superando las reservas históricas sobre el antropomorfismo. Este movimiento busca establecer métricas objetivas para el placer intenso, alejándose de anécdotas. Un proyecto colaborativo, denominado informalmente el "medidor de alegría", se centra en identificar indicadores medibles de estados hedónicos elevados en diversas especies, expandiendo estudios previos en primates y psitácidas hacia cetáceos, específicamente delfines.
El objetivo central es desarrollar marcadores objetivos que validen científicamente la felicidad animal, un concepto que algunos expertos vinculan intrínsecamente al bienestar animal y que se manifiesta a través del juego, la exploración y las interacciones sociales placenteras. Un ejemplo de esta metodología se observa en el estudio del loro kea (*Nestor notabilis*), especie endémica de las zonas alpinas de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Investigaciones previas con keas han vinculado recompensas específicas, como la mantequilla de maní, con la manifestación de comportamientos y vocalizaciones particulares, incluyendo llamadas juguetones de "gorjeo contagioso" que pueden inducir un comportamiento de "tap-dancing" en otros individuos.
Para asegurar la objetividad, los investigadores analizan muestras biológicas, como hormonas, para diferenciar inequívocamente los estados de alegría de aquellos generados por el estrés. La capacidad cognitiva del kea es notable; se ha demostrado que pueden comprender probabilidades e inferir estadísticamente, siendo el primer animal no simio en mostrar firmas de inferencia estadística de dominio general, según un estudio publicado en Nature Communications. En el caso de los delfines, la medición del bienestar se ha centrado en el "comportamiento anticipatorio", como mirar hacia la zona de aparición de los entrenadores o juguetes, para inferir el anhelo de realizar actividades no relacionadas con la alimentación.
La Dra. Isabella Clegg, investigadora principal, señaló que los delfines mostraban un deseo evidente de interactuar con humanos conocidos, evidenciado por el comportamiento de "spy hopping" (asomar la cabeza fuera del agua) en dirección a sus cuidadores. La meta final de este esfuerzo científico es construir una comprensión matizada y profunda de la experiencia emocional animal, lo cual tiene implicaciones directas para la formulación de políticas de bienestar y las estrategias de conservación. Este tipo de investigación, que se apoya en enfoques neurobiológicos modernos como los siete sentimientos básicos identificados por Jaak Panksepp, está redefiniendo la ética animal.
La ciencia del comportamiento animal se apoya en la observación de cambios posturales, vocalizaciones y respuestas hormonales para interpretar el estado interno de los sujetos. Además, la investigación sobre la interacción humano-animal, financiada por entidades como los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en colaboración con el Centro WALTHAM, busca cuantificar los beneficios para la salud mental y física, como la disminución de los niveles de cortisol. La rigurosidad en la cuantificación del afecto positivo representa un avance metodológico crucial, permitiendo que las conclusiones sobre el estado emocional de especies complejas como los delfines y los keas se basen en datos endocrinológicos y conductuales verificables.
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Fuentes
VICE
Science News
VICE
Uniavisen
Science News
John Templeton Foundation
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