Esta imagen compuesta es la más grande jamás obtenida con el conjunto de radiotelescopios ALMA en Chile, y muestra la zona molecular central en el centro de la Vía Láctea.
El Observatorio Europeo Austral (ESO) presentó el 25 de febrero de 2026 una imagen mosaico sin precedentes que captura con detalle el gas fundamental para la formación de estrellas en el corazón de la Vía Láctea. Esta captura, obtenida mediante el conjunto ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) en Chile, abarca la Zona Molecular Central (ZMC) a lo largo de más de 650 años luz, consolidándose como la imagen más extensa jamás producida por este instrumento. Este relevamiento, integrado en el programa ALMA Survey of the Central Molecular Zone (ACES), proporciona una resolución sin igual del gas molecular frío, el componente esencial para el nacimiento de nuevos astros.
El mapa emplea un código de colores específico para identificar moléculas clave: el monóxido de azufre se muestra en cian, el monóxido de silicio en verde, el ácido isociánico en rojo, el cianoacetileno en azul y el monosulfuro de carbono en púrpura. Aunque la densidad estelar en la ZMC es significativamente mayor a la sugerida por la imagen —que prioriza los detalles de la nube molecular—, el material estelar del primer plano fue registrado de forma independiente por el telescopio VISTA de la ESO en el espectro infrarrojo. La ZMC concentra casi el 80% de todo el gas frío y denso de la galaxia, rodeando al agujero negro supermasivo Sagitario A* (Sgr A*).
El profesor Steve Longmore, investigador principal de ACES, destacó que el estudio del nacimiento estelar en esta región es fundamental para comprender el crecimiento de las galaxias, dado que las condiciones en la ZMC guardan similitudes con las del universo temprano. Esta investigación, que incluye la publicación de un extenso conjunto de datos, se presenta a través de una serie de artículos en la revista «Monthly Notices of the Royal Astronomical Society». El proyecto cuenta con figuras clave como la coinvestigadora Ashley Barnes de la ESO. Los datos recolectados permitieron identificar decenas de moléculas distintas, incluyendo compuestos orgánicos complejos como metanol, acetona y etanol. La doctora Barnes subrayó que esta riqueza química es vital para entender el origen de los ingredientes necesarios para los planetas y, potencialmente, para la vida.
El estudio también reveló una vasta red de estructuras gaseosas filamentosas y alargadas que, según las teorías actuales, canalizan la materia hacia cúmulos densos donde se inicia la formación de estrellas. El doctor Daniel Walker confirmó que estas estructuras filamentosas, ahora vistas de forma generalizada, anteriormente solo se habían observado en regiones aisladas. La intensa gravedad y la radiación provenientes de Sgr A* fomentan la creación de moléculas más grandes y complejas en comparación con las halladas en nubes de gas más estables. El proyecto internacional ACES reúne a más de 160 científicos de más de 70 instituciones, incluyendo al profesor Mattia Sormani de la Universidad de Insubria, quien lidera el equipo de procesamiento teórico de datos.
Por su parte, el profesor Christoph Federrath de la Universidad Nacional Australiana (ANU) enfatizó que el gas analizado por ACES representa el combustible molecular frío para las estrellas, señalando que la ZMC es un entorno mucho más extremo que las regiones exteriores de la Vía Láctea. El lanzamiento de este mosaico de ALMA constituye un hito tecnológico y científico en la astrofísica observacional. La capacidad de mapear la química molecular en un área tan vasta y extrema ofrece datos empíricos cruciales para validar teorías sobre la evolución galáctica y el origen de la química compleja. Se prevén futuras observaciones apoyadas por la actualización ALMA Wideband Sensitivity Upgrade y el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de la ESO.