El fin del Tratado START III: Se agota el tiempo para el control de armas nucleares entre EE. UU. y Rusia

Editado por: Tatyana Hurynovich

El jueves 5 de febrero de 2026 marcó un punto de inflexión histórico con la expiración definitiva del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como START III. Este acuerdo representaba el último pilar jurídico vinculante que mantenía bajo control los arsenales nucleares de la Federación de Rusia y los Estados Unidos de América. Con su fin, desaparecen las barreras legales que evitaban una nueva carrera armamentista, eliminando un instrumento esencial que durante años garantizó la estabilidad internacional y el equilibrio de poder entre las dos superpotencias atómicas.

Este suceso pone fin a una tradición de más de medio siglo dedicada al control de armamentos, sumergiendo la seguridad global en una era de competencia sin regulaciones claras. El tratado, que entró en vigor originalmente el 5 de febrero de 2011 tras su firma en Praga el 8 de abril de 2010, establecía límites estrictos para ambas naciones. Cada parte se comprometía a no exceder las 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas, así como un máximo de 800 lanzadores, tanto en estado desplegado como no desplegado, asegurando un techo previsible para la capacidad de destrucción mutua.

La postura de Moscú se clarificó el 4 de febrero, cuando las autoridades rusas señalaron la falta de una respuesta oficial por parte de Washington ante la propuesta de mantener voluntariamente los límites cuantitativos centrales por un año adicional. Ante este silencio, Rusia declaró que ya no se considera vinculada por las obligaciones del START III. Dmitry Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia, subrayó que el país está preparado para implementar contramedidas técnico-militares que garanticen su seguridad nacional. No obstante, Medvedev reiteró que Rusia permanece abierta a un diálogo basado en la igualdad, sin el deseo explícito de verse arrastrada a una competencia armamentista desenfrenada.

Uno de los mayores riesgos actuales reside en la pérdida del régimen de verificación, un componente vital que permitía la previsibilidad y reducía el peligro de errores de cálculo estratégico. Aunque las inspecciones presenciales y el intercambio regular de datos se encontraban suspendidos desde 2023, el fin formal del tratado elimina cualquier mecanismo de transparencia. El Departamento de Estado de EE. UU. ha advertido que esta opacidad reduce drásticamente el conocimiento sobre las fuerzas nucleares rusas, incluyendo sus misiles balísticos intercontinentales (ICBM), misiles lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados. Cabe recordar que el presidente Vladimir Putin propuso en septiembre de 2025 prorrogar los límites por un año, siempre que EE. UU. evitara acciones que alteraran el equilibrio, como el despliegue del sistema de defensa antimisiles «Cúpula Dorada». Aunque Donald Trump, quien asumió la presidencia de EE. UU. en enero de 2025, mostró una reacción inicial positiva, nunca se concretó un acuerdo formal.

El START III nunca fue un documento perfecto para ninguna de las partes; tanto Washington como Moscú mantenían quejas y reservas sobre diversos puntos técnicos. Sin embargo, el tratado fue el fruto de compromisos mutuos que hoy parecen inalcanzables debido al profundo deterioro de las relaciones bilaterales. La ausencia de un marco regulatorio implica que ninguna nación tendrá certeza sobre el estado real o el tamaño del arsenal de su adversario. Esta falta de información es sumamente peligrosa, ya que puede conducir a evaluaciones erróneas de las amenazas, afectando directamente la planificación militar y las decisiones sobre el desarrollo y posible empleo de fuerzas estratégicas. Por ello, para cada nación es crucial conocer con precisión el alcance del arsenal del otro participante.

El panorama se complica aún más por la emergencia de China como actor nuclear de peso, país que ha rechazado categóricamente participar en negociaciones trilaterales a pesar de las insistentes peticiones de la administración Trump. Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, argumentó que el potencial nuclear de su país se encuentra en un nivel muy distinto al de los arsenales estadounidenses, calificando las demandas de inclusión como injustas e irrazonables. Mientras tanto, analistas internacionales advierten sobre el riesgo de una carrera armamentista a tres bandas entre EE. UU., Rusia y China, lo que podría desestabilizar el orden mundial a niveles similares a los de la Guerra Fría. Según estimaciones del SIPRI, el arsenal chino es el que más rápido crece, alcanzando ya al menos las 600 ojivas, mientras Rusia y EE. UU. controlan juntos más del 80% del total mundial. La desaparición del START III, que en su momento sustituyó al Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas de 2002, pone en jaque un sistema de control de armas que se inició con el histórico Tratado SALT-I en 1972.

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Fuentes

  • Folha - PE

  • Modern Diplomacy

  • The Economic Times

  • Nuclear Threat Initiative (NTI)

  • U.S. Embassy in Peru

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