Reentrada No Controlada de la Sonda Van Allen A de la NASA Culmina Misión Pionera

Editado por: Tetiana Martynovska

NASA's Van Allen Probe A: reentrada descontrolada y el riesgo de escombros espaciales

La sonda espacial inactiva Van Allen Probe A de la NASA completó su reentrada no controlada en la atmósfera terrestre el martes 10 de marzo de 2026, alrededor de las 19:45 horas, hora del Este (ET). Este evento concluyó la misión casi ocho años antes de la proyección original, que estimaba su retorno hasta 2034. El vehículo, con una masa de 1,323 libras, impactó dentro de una ventana de incertidumbre predicha de más o menos 24 horas, según las estimaciones de la Fuerza Espacial de Estados Unidos.

Las autoridades determinaron que la probabilidad de que los restos causaran daño a alguna persona era baja, calculada en 1 entre 4,200, una cifra considerada superior a la de reentradas de desechos anteriores. Lanzada el 30 de agosto de 2012 desde Cabo Cañaveral a bordo de un cohete Atlas V, la Van Allen Probe A se dedicó a investigar las dos bandas cósmicas de partículas de alta energía que rodean nuestro planeta, los cinturones de Van Allen. La iniciativa, gestionada por el Laboratorio de Física Aplicada (APL) de la Universidad Johns Hopkins en Laurel, Maryland, superó su vida útil de diseño inicial de dos años, operando durante casi siete años de recopilación continua de datos científicos.

La recolección de datos valiosos se mantuvo hasta el agotamiento del combustible en 2019, momento en el que la misión fue oficialmente desactivada. Un hallazgo fundamental de la misión fue la obtención de los primeros datos que evidenciaban la formación transitoria de un tercer cinturón de radiación durante periodos de intensa actividad solar. El adelanto de la reentrada se atribuyó directamente a un ciclo solar inusualmente dinámico, con el Sol alcanzando su máximo solar en 2024, un año antes de lo estimado en pronósticos previos. Esta actividad intensificada generó eventos de clima espacial que incrementaron el arrastre atmosférico sobre la sonda más allá de las estimaciones iniciales, actuando la atmósfera superior expandida como un freno aerodinámico.

Los planificadores de la misión habían ejecutado maniobras previas para asegurar que el arrastre atmosférico forzara el descenso de la sonda, cumpliendo la política de la NASA que estipula que los vehículos deben reingresar o ser desechados dentro de los 25 años posteriores al fin de su misión. La misión gemela, Van Allen Probe B, permanece en órbita y su reingreso a la atmósfera no se prevé hasta antes del año 2030. Expertos en desechos orbitales subrayan que las reentradas no controladas son un suceso recurrente, con una supervivencia de masa registrada globalmente cada semana, según confirmó Marlon Sorge del Aerospace Corporation y el Dr. Darren McKnight de LeoLabs.

La conclusión de esta misión histórica, que demostró una resiliencia excepcional al operar en el entorno espacial más hostil, cataliza diálogos sobre la necesidad de diseñar futuras plataformas satelitales para una desintegración más completa durante el reingreso atmosférico. La comprensión del entorno espacial, facilitada por más de 700 estudios basados en los datos de las Van Allen Probes, sigue siendo crucial para la protección de infraestructuras espaciales y terrestres.

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Fuentes

  • CNN International

  • NBC Palm Springs

  • Unspecified Source

  • CBS News

  • The Guardian

  • IAF

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