La Materia Ancestral: Mortalidad como Atributo de la Organización, no de los Átomos

Editado por: Vera Mo

La inmensa mayoría de los átomos que componen el organismo humano se forjaron hace aproximadamente 13.800 millones de años, en los inicios del Universo, y su existencia probablemente trascenderá la extinción de la humanidad. Estos componentes elementales, creados durante el Big Bang y en procesos estelares posteriores, se rigen por el principio de conservación de la materia, lo que los hace esencialmente indestructibles. Por ejemplo, los átomos de hidrógeno presentes en la sangre de un individuo mantendrán su identidad atómica mucho después de que el planeta Tierra cese su existencia.

El dilema fundamental reside en la marcada disparidad entre la durabilidad inherente de la materia y la finitud de las estructuras vivas que esta conforma. La ciencia establece que la vida no reside en la materia en sí, sino en la arquitectura específica y altamente ordenada que esta adopta. La astrobióloga Betül Kaçar, profesora de la Universidad de Wisconsin-Madison y con apoyo de la NASA, resume esta premisa al señalar que "la vida es química que tiene memoria". La funcionalidad biológica depende de una disposición improbable de estos átomos, manteniendo sistemas activos como el metabolismo, mecanismos de reparación y moléculas con capacidad de autorreplicación.

Esta configuración delicada requiere un aporte energético constante para contrarrestar la tendencia universal hacia el desorden, un fenómeno conocido como entropía. La entropía, que cuantifica el grado de organización de un sistema, funciona como la flecha del tiempo, avanzando siempre hacia el equilibrio termodinámico. Las estructuras vivas se clasifican como estructuras disipativas, manteniéndose activas mediante el intercambio continuo de energía y materia con su entorno, lo cual facilita la disipación de potenciales termodinámicos, como el gradiente solar en la fotosíntesis.

Cuando el flujo energético se interrumpe, esta configuración organizada se desintegra; la pérdida observada es de la forma estructurada, no del material constituyente. Al finalizar el ciclo vital, los átomos no se aniquilan, sino que se reasignan para construir nuevas entidades, ya sean formaciones sedimentarias, componentes planetarios o nuevos organismos. Lo que concluye es la identidad específica y organizada que define al individuo, confirmando que la mortalidad es una propiedad de la configuración, no de la materia prima.

El ser humano representa, por lo tanto, una paradoja cósmica: somos materia ancestral que ha desarrollado la capacidad de reflexionar sobre su propia caducidad. Estos átomos, con una historia que abarca miles de millones de años, han logrado, mediante una coincidencia estadística, generar una entidad capaz de cuestionar el cese de la existencia organizada. Aunque la existencia individual no es eterna, existe una conexión intrínseca con un sustrato material que sí lo es. La investigación de Kaçar, que incluye la recreación de condiciones ambientales antiguas para estudiar la evolución microbiana, enfatiza cómo la vida se adapta para persistir a pesar de las condiciones inestables del entorno planetario.

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Fuentes

  • Gizmodo en Español

  • Anexo:Isótopos de hidrógeno - Wikipedia, la enciclopedia libre

  • Hidrógeno - quimica.es

  • Entropía | Emisión 26. Materialización de los Derechos Sociales - YouTube

  • From Atoms to Consciousness: What is Life? - YouTube

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