El Ayuno Mejora la Autorregulación Cognitiva y el Equilibrio Emocional, Según Investigaciones

Editado por: Olga Samsonova

La psicología contemporánea analiza prácticas ascéticas como el ayuno ritual del Ramadán, considerándolas procesos esenciales de autorregulación conductual. La restricción alimentaria consciente, sostenida durante periodos definidos, demuestra la capacidad de estabilizar el estado anímico, agudizar el control de impulsos y profundizar el sentido de propósito vital en el individuo. Este fenómeno supera la mera abstinencia calórica, estableciéndose como un entrenamiento activo de la mente para gestionar la incomodidad sin recurrir a respuestas inmediatas y reactivas.

Psiquiatras especializados conceptualizan el ayuno como una forma de desintoxicación psicológica, un mecanismo que facilita la reestructuración de patrones de pensamiento arraigados y hábitos emocionales disfuncionales. La superación de antojos y urgencias durante el ayuno se correlaciona con un incremento en la actividad de la corteza prefrontal (CPF), la región cerebral fundamental que opera como el principal sistema de freno emocional. Este aumento en la función de la CPF modera las reacciones espontáneas, fomenta una mayor tolerancia a la espera y promueve la adopción de respuestas más meditadas y deliberadas en la vida diaria.

El ayuno, particularmente en contextos como el Ramadán, practicado durante aproximadamente 30 días, no solo fortalece la paciencia y la fuerza de voluntad, sino que también potencia los mecanismos de afrontamiento espiritual, cimentando el significado existencial. La neurociencia actual respalda que el cerebro adulto es resiliente; revisiones de 71 estudios experimentales indican que el ayuno intermitente de corta duración, entre 8 y 24 horas, no impacta negativamente la atención, la memoria o la capacidad de toma de decisiones en adultos sanos. Adicionalmente, la restricción calórica prolongada estimula la producción de cuerpos cetónicos, como el beta-HBA, un combustible cerebral eficiente que disminuye la dependencia de la glucosa.

Los beneficios se extienden al ámbito social y afectivo. Las actividades comunitarias asociadas a las prácticas de ayuno, como el compartir alimentos durante el Ramadán, fortalecen los vínculos emocionales y el sentido de pertenencia grupal, factores protectores clave para la salud mental. La autorregulación emocional, definida como la capacidad de gestionar pensamientos, acciones y sentimientos para adaptarse al entorno, se entrena directamente mediante esta disciplina, permitiendo a las personas ser dueñas de sus reacciones. La falta de esta habilidad se ha asociado con problemas interpersonales y mayor propensión a conductas impulsivas.

Desde una perspectiva evolutiva, el patrón de ingesta actual de tres comidas diarias es una construcción reciente, dado que el Homo sapiens pasó gran parte de su existencia como cazador-recolector con periodos naturales de inanición, lo que sugiere una adaptación biológica a estos ciclos. La práctica sostenida del ayuno, incluso en protocolos flexibles de 12 a 14 horas sin ingesta, puede reducir marcadores inflamatorios sistémicos relacionados con trastornos de ansiedad y depresión, mientras favorece la liberación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, vinculados al bienestar afectivo. Este reajuste bioquímico contribuye a una sensación subjetiva de mayor claridad mental y equilibrio anímico, elementos cruciales para el desarrollo personal y la resiliencia frente a las demandas del entorno social.

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Fuentes

  • Liputan 6

  • Info Nasional

  • Bloomberg Technoz

  • detikHealth

  • Hello Sehat

  • Hello Sehat

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