El crecimiento de las algas forma un ciclo de retroalimentación positiva auto-sostenido: el deshielo crea condiciones más favorables para una mayor expansión de las zonas de floración.
El florecimiento masivo de algas en la Antártida acelera el deshielo regional
Editado por: Uliana S.
Recientes hallazgos científicos presentados en enero de 2026 revelan una realidad preocupante en el continente blanco. La proliferación de algas rojas en la Antártida ha alcanzado dimensiones mucho mayores de lo que se estimaba anteriormente, impactando de manera directa hasta el 12% de la superficie del archipiélago de las islas Shetland del Sur durante la temporada del verano austral. Este fenómeno biológico, popularmente denominado como «nieve rosa», se ha consolidado como un factor determinante en la dinámica climática de la región. Según los informes liderados por el Instituto de Ciencias del Mar (ICMAN-CSIC) de España, las investigaciones realizadas entre 2018 y 2024 documentaron acumulaciones de algas que llegaron a cubrir una extensión máxima de 176 kilómetros cuadrados en todo el conjunto de islas.
Florecimiento de algas rojas de la nieve en el glaciar Чарруа
La coloración rojiza o parda que estos microorganismos confieren a la nieve altera drásticamente el albedo, es decir, la capacidad de la superficie para reflejar la radiación solar. Se ha comprobado que esta presencia biológica reduce el albedo hasta en un 20%, lo que provoca una absorción masiva de energía térmica y, por ende, una aceleración sin precedentes en el derretimiento de las capas de hielo. Los expertos advierten sobre la creación de un ciclo de retroalimentación positiva: el deshielo genera un entorno húmedo y propicio que favorece la expansión de las colonias de algas. Este proceso guarda similitudes con eventos registrados en el Ártico, donde la disminución del albedo alcanzó el 13% tras episodios de floración, lo que subraya la relevancia global del bioalbedo en los modelos de predicción climática actuales.
Un mapa representativo de la distribución de las algas rojas de la nieve con superposición de los resultados de una clasificación supervisada en las Islas Shetland del Sur.
Para alcanzar este nivel de precisión en la recolección de datos, el equipo de investigación empleó una combinación sofisticada de tecnologías de teledetección de última generación. El estudio se fundamentó en el análisis de imágenes capturadas por el satélite Sentinel-2, las cuales fueron validadas y complementadas con el uso de drones equipados con sensores hiperespectrales. Dichos dispositivos tienen la capacidad de registrar la radiación electromagnética en un espectro sumamente amplio, abarcando desde la luz visible hasta el infrarrojo cercano. Gracias a esta tecnología, es posible identificar la composición química de la superficie basándose en su firma reflectante, lo que ha permitido la creación de la primera base de datos hiperespectral de acceso abierto dedicada exclusivamente a las algas antárticas.
La implementación de estas bases de datos resulta fundamental para cuantificar con exactitud cómo estos fenómenos microbianos a gran escala comprometen la estabilidad del hielo en 2026 y en las décadas venideras. A diferencia de la tecnología multiespectral convencional, la fotografía hiperespectral ofrece una caracterización espectral mucho más detallada, convirtiéndose en una herramienta insustituible para el monitoreo de las propiedades biofísicas del terreno. Aunque el fenómeno de la «nieve rosa» no es un descubrimiento reciente en las zonas polares, la magnitud de su presencia en la Antártida, evidenciada en estas últimas exploraciones, ha encendido las alarmas dentro de la comunidad científica internacional por sus implicaciones a largo plazo.
El incremento en la absorción de calor es impulsado por los carotenoides presentes en las algas, pigmentos que facilitan el calentamiento y la consecuente desintegración de las capas de hielo más delgadas. Los científicos recalcan que este exceso de energía térmica absorbida no solo acelera la licuefacción del manto nival, sino que establece las condiciones biológicas ideales para una reproducción celular aún más agresiva, desencadenando una reacción en cadena climática. Ante este escenario, resulta imperativo integrar los datos relativos al bioalbedo en los modelos climáticos globales vigentes para obtener un pronóstico certero sobre el futuro de la cobertura de hielo y la salud de los ecosistemas polares.
Fuentes
Noticias Ambientales
EFEverde
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
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