Старое заброшенное промышленное здание
Empresas Energéticas Convierten Almacenes Industriales en Centros de Datos de Inteligencia Artificial
Editado por: an_lymons
Los desarrolladores de energía en los Estados Unidos están impulsando una tendencia creciente: la adquisición de almacenes industriales abandonados para transformarlos en centros de datos de alta tecnología dedicados a la inteligencia artificial (IA). Este cambio radical responde a las inmensas necesidades energéticas de los modelos de IA modernos, lo que está provocando una reconfiguración económica sin precedentes en el sector industrial y una transformación de los activos físicos del país.
La actividad es especialmente intensa en regiones estratégicas como los alrededores de Dallas y el norte de Virginia, este último consolidado como el epicentro mundial de los datos. Expertos del sector observan cómo antiguos depósitos de piezas de automóviles son adquiridos por firmas energéticas para desplegar infraestructura de IA. La elección de estos sitios no es casual; su cercanía a cables de fibra óptica existentes, vías ferroviarias y líneas de alta tensión permite una expansión rápida y eficiente de la capacidad de procesamiento digital, aprovechando infraestructuras que antes servían a la manufactura tradicional.
El impacto del consumo eléctrico de la IA es ya una preocupación crítica para la red nacional y los costos de los consumidores. En 2023, los centros de datos estadounidenses consumieron cerca de 176 teravatios-hora (TWh), representando el 4,4% del total nacional. Según el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (LBNL), esta cifra podría dispararse hasta alcanzar entre 325 y 580 TWh para el año 2028, lo que supondría hasta un 12,0% del consumo de todo el país. En el norte de Virginia, estas instalaciones ya absorben aproximadamente el 26% de la electricidad estatal, evidenciando la magnitud del desafío energético.
Esta transformación involucra a una red compleja de actores, desde gigantes tecnológicos y promotores inmobiliarios hasta funcionarios gubernamentales, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de las comunidades locales. El control sobre el edificio, el suministro eléctrico y el terreno se ha vuelto sinónimo de poseer la infraestructura base de la era digital. En Texas, ERCOT estima que la demanda de los centros de datos llegará a los 32 GW para 2031. Un factor determinante es que los sistemas de refrigeración de estos complejos consumen entre el 30% y el 40% de la energía total del sitio, lo que obliga a buscar soluciones de eficiencia extrema.
Para garantizar la fiabilidad del servicio, las empresas tecnológicas están invirtiendo masivamente en sus propias fuentes de energía. Bajo acuerdos impulsados durante la administración Trump, las compañías se comprometieron a aportar 15.000 millones de dólares para la generación de energía en la región de PJM Interconnection. Simultáneamente, empresas como Meta desarrollan sus propios parques solares, como la planta de 100 MW en Carolina del Sur, como parte de una estrategia de sostenibilidad. No obstante, el regulador NERC ha manifestado su inquietud por la aparición de redes de energía en la sombra que podrían comprometer la estabilidad del sistema norteamericano ante el auge de la IA.
El enfoque ha virado drásticamente en los últimos años; mientras que antes los mineros de criptomonedas como Core Scientific compraban antiguas fábricas de mezclilla, hoy el protagonismo absoluto lo tiene la inteligencia artificial. Esta conversión acelerada de reliquias industriales en nodos de computación avanzada ilustra una reestructuración profunda de la infraestructura física de Estados Unidos. En este entorno, empresas como Fermi America están captando capital significativo, incluyendo 350 millones de dólares, para construir campus de redes eléctricas privadas dedicadas exclusivamente al avance de la IA y la soberanía tecnológica.
Fuentes
ABC Money
