El Origen Instintivo del Giro Canino Antes de Dormir
Editado por: Olga Samsonova
Los propietarios de perros observan frecuentemente un ritual instintivo: sus mascotas giran metódicamente varias veces sobre su eje antes de acomodarse para el sueño, independientemente de si eligen una cama preparada o una superficie dura. Este comportamiento, documentado por especialistas en etología canina, no es una simple excentricidad, sino un remanente directo de la herencia de sus ancestros salvajes, como los lobos, ligado a la seguridad y la termorregulación.
El acto de rotación es un eco evolutivo de los cánidos silvestres que, al carecer de refugios construidos, debían acondicionar su espacio de descanso en entornos naturales como praderas o terrenos nevados. Los lobos realizaban este giro para aplanar la vegetación o la nieve, creando una superficie más nivelada y confortable. Algunos estudios sugieren que este proceso también podría implicar una alineación con el campo magnético terrestre. Adicionalmente, este movimiento servía como una inspección ambiental rápida, permitiendo detectar la presencia de depredadores o amenazas ocultas en el suelo circundante antes de ceder al sueño profundo. Este patrón de conducta, útil para la supervivencia, se ha fijado genéticamente a lo largo de milenios.
Un componente adicional de este comportamiento ancestral es el marcaje territorial y la gestión de la temperatura. Las almohadillas de las patas de los perros contienen glándulas que liberan feromonas; el acto de girar ayuda a impregnar el área con su olor, señalando la posesión del lugar a otros miembros de la manada o a posibles intrusos. En climas fríos, el enrollamiento que sigue al giro ayuda a compactar el lecho y a conservar el calor corporal, un comportamiento que se observa también cuando los lobos se agrupan para darse calor. En contraste, en ambientes cálidos, el rascado y el giro pueden buscar una superficie más fresca para el descanso.
Aunque los perros domésticos, la subespecie *Canis Lupus familiaris*, disfrutan de comodidades como camas y protección constante, este protocolo evolutivo permanece activo como una adhesión inconsciente a su código genético. La intensidad y frecuencia de las vueltas varían entre individuos, influenciada por factores como la edad, el nivel de ansiedad y la textura de la superficie. Mientras que el giro es una manifestación natural, los propietarios deben estar atentos a señales de alarma; un giro excesivo, acompañado de inquietud o dificultad para tumbarse, podría indicar problemas subyacentes como dolor articular o ansiedad significativa, lo cual amerita una consulta con un profesional veterinario.
Este patrón subraya cómo la domesticación, iniciada por cazadores y recolectores primitivos, ha moldeado tanto la fisiología como la psique canina, manteniendo intactos ciertos rituales de supervivencia como el giro antes de reposar. Estudios comparativos entre cachorros de lobo y perro, realizados hasta las 18 semanas de edad, demuestran diferencias cognitivas notables, incluyendo una mayor propensión en los perros a buscar ayuda humana para resolver problemas, en comparación con los lobos, que tienden a resolverlos de forma autónoma.
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Fuentes
O Antagonista
Correio Braziliense
Revista Oeste
Meu Doguinho
Amigo Bicho
O Antagonista
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