Estados Unidos oficializa su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 22 de enero de 2026

Autor: Tatyana Hurynovich

El 22 de enero de 2026 marcó un hito histórico en la diplomacia sanitaria global con la salida oficial de los Estados Unidos de América de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este movimiento concluye un proceso formal que fue reactivado mediante un decreto presidencial de Donald Trump al inicio de su segundo mandato en la Casa Blanca. Como consecuencia inmediata, se ha procedido al cese total del financiamiento gubernamental estadounidense hacia la entidad, junto con la retirada de todo el personal y los contratistas que operaban tanto en la sede central en Ginebra, Suiza, como en las diversas delegaciones internacionales distribuidas por todo el planeta.

La ruptura no solo implica una desconexión administrativa, sino la suspensión o terminación definitiva de cientos de programas y colaboraciones técnicas que se mantenían vigentes hasta la fecha. Esta decisión deja un vacío operativo significativo en proyectos de investigación y respuesta sanitaria donde la presencia estadounidense era fundamental para la logística y el soporte técnico. La retirada de los expertos de Washington de las oficinas de la OMS simboliza el fin de una era de cooperación multilateral que había definido la política de salud pública internacional desde mediados del siglo pasado.

Es importante destacar que esta es la segunda ocasión en la última década en que Washington intenta desvincularse del organismo. El antecedente directo se remonta a julio de 2020, cuando Trump anunció por primera vez la ruptura en medio de duras críticas por la gestión de la pandemia de COVID-19 y una supuesta dependencia excesiva de los datos suministrados por China. Aunque la administración de Joe Biden detuvo este proceso en 2021, el retorno de Trump al poder en enero de 2025 reactivó la notificación de salida. El actual Secretario de Estado, Marco Rubio, ratificó la decisión final aludiendo a problemas estructurales que, según su visión, resultan imposibles de corregir dentro del marco actual de la organización.

Desde el ala oeste de la Casa Blanca, las acusaciones contra la OMS se centran en una supuesta pérdida de independencia, ineficiencia burocrática y una resistencia sistemática a las reformas internas necesarias. Estados Unidos, que históricamente ha sido el mayor contribuyente financiero aportando hasta el 16% del presupuesto total —lo que representó aproximadamente 1.300 millones de dólares entre 2022 y 2023—, sostiene que la institución se ha transformado en un instrumento de influencia geopolítica para Pekín. En sus declaraciones oficiales, Trump ha calificado esta salida como un paso fundamental hacia la recuperación de la soberanía sanitaria estadounidense, argumentando que la organización ya no es capaz de enfrentar desafíos globales como nuevas pandemias o las epidemias recurrentes en el continente africano.

Las repercusiones financieras de este abandono son profundas y han generado una gran controversia en el ámbito diplomático. Washington se retira dejando una deuda pendiente de 260 millones de dólares correspondientes a las cuotas de los años 2024 y 2025, un hecho que ha provocado una reacción airada en la sede de Ginebra. El Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha advertido sobre los graves riesgos que esta desfinanciación supone para programas críticos de lucha contra el VIH, la malaria y la poliomielitis, así como para la vigilancia epidemiológica global. Con una reducción prevista de un tercio en el presupuesto operativo de la OMS, el impacto será especialmente severo en las naciones en desarrollo, a pesar de que China y la Unión Europea ya han manifestado su disposición para cubrir parcialmente el déficit financiero generado.

El panorama internacional se muestra profundamente dividido ante esta decisión sin precedentes. Mientras que Rusia y sus aliados estratégicos han recibido la noticia como una señal necesaria para forzar reformas profundas en el sistema multilateral, diversos sectores en Europa y las Naciones Unidas expresan su temor ante una posible fragmentación de la arquitectura de salud global. No obstante, la administración Trump mantiene su postura firme, asegurando que Estados Unidos priorizará la ayuda bilateral directa a los países necesitados en lugar de canalizar recursos a través de estructuras que consideran ineficaces. El complejo asunto de la deuda pendiente y la futura relación con el organismo será un tema central de debate en la próxima Asamblea Mundial de la Salud, programada para mayo de 2026.

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Fuentes

  • США официально вышли из ВОЗ. Организация осталась без одного из крупнейших доноров

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