5.000 años más antiguos: El hallazgo de ADN canino en Turquía que redefine la historia del mejor amigo del hombre

Autor: Svetlana Velhush

Nuevas evidencias revelan los perros domésticos más antiguos del mundo | Los científicos analizan el ADN antiguo en toda Europe

El 25 de marzo de 2026, la prestigiosa revista Nature publicó los resultados de dos investigaciones de gran envergadura que han transformado por completo nuestra comprensión sobre la cronología de la relación entre los seres humanos y los caninos. Un consorcio internacional de científicos, representando a 17 instituciones académicas de renombre —entre las que destacan la Universidad de Oxford y el Museo de Historia Natural de Londres—, ha presentado pruebas irrefutables de que los perros ya eran compañeros leales de nuestra especie incluso en el apogeo de la última glaciación.

Uno de los descubrimientos más impactantes proviene de la cueva de Pınarbaşı, situada en el centro de Turquía. El análisis genético de los restos hallados en este yacimiento ha revelado una antigüedad asombrosa de 15.800 años. Este dato supone un hito histórico, ya que sitúa la presencia de perros domesticados unos 5.000 años antes de lo que indicaban los registros científicos confirmados hasta la fecha, obligando a los expertos a replantearse el origen de este vínculo milenario.

La evidencia de esta temprana domesticación no se limita únicamente al territorio turco. Se han identificado rastros de antigüedad similar, datados en 14.300 años, en la cueva de Gough, en el Reino Unido. Estos hallazgos conjuntos demuestran de manera contundente que los perros ya estaban ampliamente distribuidos por toda la geografía de Eurasia mucho antes de que la humanidad desarrollara la agricultura, consolidándose como una pieza clave en las sociedades de cazadores-recolectores.

Los detalles sobre la vida cotidiana de estos animales son igualmente fascinantes. Mediante el uso de análisis de isótopos en los restos óseos, los investigadores pudieron determinar que los humanos de la época cuidaban activamente de sus compañeros. Los datos indican que los cazadores-recolectores compartían sus recursos alimenticios con los perros, proporcionándoles una dieta que incluía, de manera destacada, el consumo de pescado, lo que sugiere una integración total en la estructura de supervivencia del grupo.

Más allá de la utilidad práctica, el descubrimiento en Turquía arroja luz sobre el estatus simbólico de estos animales. En el yacimiento de Pınarbaşı se encontraron cachorros que habían sido enterrados de forma deliberada junto a seres humanos o directamente sobre tumbas de personas. Este tipo de prácticas funerarias rituales subraya que, hace casi 16 milenios, los perros ya poseían un estatus cultural especial y eran considerados miembros valiosos de la comunidad, merecedores de honores póstumos.

Antes de que se publicaran estos nuevos datos, el ejemplar de ADN canino más antiguo que se conocía tenía una edad aproximada de 10.900 años. Los hallazgos recientes en Anatolia central demuestran que la divergencia evolutiva entre lobos y perros ocurrió muchísimo antes de lo que la comunidad científica había estimado previamente, abriendo un nuevo capítulo en el estudio de la evolución biológica y social de ambas especies.

Desde una perspectiva genética, el primer perro de Turquía presenta características sorprendentes. Los análisis revelan que este ancestro está genéticamente más emparentado con razas modernas de Europa y Oriente Próximo, como el bóxer o el saluki, en comparación con las razas árticas como el husky. Esto implica que las líneas genéticas fundamentales que definen a muchas de nuestras mascotas actuales ya se habían consolidado durante el Paleolítico, mucho antes de la selección artificial moderna.

La relevancia de este estudio queda resumida en la importancia del intercambio de estos animales entre poblaciones humanas. El hecho de que existieran perros en puntos geográficos separados por miles de kilómetros evidencia que tenían un valor colosal para las sociedades antiguas. Estos animales no eran simples observadores externos, sino que formaban parte de la estructura social humana desde tiempos inmemoriales.

El doctor Lucky Skarsbrook, coautor de la investigación, señaló en su entrevista para Nature que el hecho de que los humanos intercambiaran perros tan temprano demuestra que estos animales tenían un significado profundo. Según el experto, los perros no se limitaban a estar cerca de los campamentos, sino que eran una parte integral de la sociedad humana, lo que refuerza su papel histórico como el primer y más cercano aliado de nuestra especie.

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Fuentes

  • University of Oxford

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