La Actividad Física Modifica el Procesamiento del Estrés y Fortalece la Resiliencia Psicológica
Editado por: Olga Samsonova
Investigaciones recientes en psicología confirman que la práctica constante de actividad física mejora sustancialmente la salud mental, principalmente al reestructurar la forma en que los individuos gestionan el estrés y los pensamientos intrusivos. Este hallazgo establece una conexión profunda entre la fisiología del movimiento y la arquitectura cognitiva-afectiva, ofreciendo una herramienta concreta para el manejo de la presión diaria. La ciencia demuestra que el ejercicio regular opera como un agente activo en la modulación de las respuestas psicobiológicas ante la adversidad.
Los estudios indican que la sintomatología psiquiátrica se atenúa gracias a la capacidad del ejercicio para mitigar el estrés percibido y, fundamentalmente, para interrumpir activamente los ciclos de patrones de pensamiento negativos y repetitivos, conocidos como rumiación. Este mecanismo de interrupción cognitiva es esencial para el fortalecimiento de la resiliencia. La actividad física aumenta inmediatamente los niveles de neurotransmisores cerebrales clave como la dopamina, la norepinefrina y la serotonina, que son vitales para la atención, la motivación y la regulación del estado de ánimo, operando de forma análoga a ciertos tratamientos farmacológicos para el TDAH, pero sin los efectos secundarios asociados.
Un programa de intervención específico, que combinó ejercicio aeróbico con orientación conductual durante un periodo de seis meses, evidenció mejoras sostenidas en el bienestar psicológico tras el seguimiento. La totalidad de este beneficio se atribuyó directamente a la reducción medible tanto del estrés autoevaluado como de la rumia negativa observada en los participantes. Por ejemplo, un estudio con mujeres sedentarias que realizaron aeróbicos tres días a la semana durante 24 semanas mostró una disminución significativa en las puntuaciones de tensión, depresión y angustia.
Desde una perspectiva neurocientífica, estos beneficios se alinean con la hipótesis de inoculación del estrés, donde la actividad física periódica acostumbra al sistema de respuesta al estrés del organismo a ser menos reactivo ante futuros desafíos. Al imitar los efectos de una alarma, el ejercicio ayuda a los sistemas corporales, incluyendo el cardiovascular, digestivo e inmunitario, a practicar la coordinación, protegiendo al cuerpo de las secuelas perjudiciales del estrés crónico. Además, el ejercicio rítmico y repetitivo, como caminar o nadar, estimula el sistema nervioso parasimpático, promoviendo un estado de calma al ralentizar la frecuencia cardíaca y la tensión arterial.
El ejercicio se posiciona como un complemento robusto a los tratamientos de salud mental establecidos, funcionando como un potente mecanismo de autorregulación. La mejora en la autoestima y la confianza personal es otro efecto documentado, independientemente de las alteraciones en el peso corporal, ya que la finalización de una sesión de ejercicio proporciona una sensación de logro que refuerza la autoimagen positiva. La Organización Mundial de la Salud subraya la actividad física como un pilar para un estilo de vida saludable, con el objetivo de reducir la inactividad física en un 10% para 2025 a nivel global. Este enfoque holístico sugiere que la integración de la actividad física es una estrategia fundamental para construir la resiliencia emocional, permitiendo a los individuos no solo resistir, sino adaptarse positivamente a las circunstancias cambiantes del entorno.
9 Vues
Fuentes
in.gr
ReachLink
Brainfx
PMC
Psychiatrist.com
Lea más noticias sobre este tema:
¿Encontró un error o inexactitud?Consideraremos sus comentarios lo antes posible.
