El 2 de febrero de 2026, en medio de una serie de poderosas erupciones solares, el telescopio LASCO C2 registró una extraña estructura que parecía un pájaro.
El regreso del «Pájaro Solar»: los coronógrafos detectan de nuevo una anomalía inexplicable cerca del Sol
Autor: Uliana S.
En medio de uno de los ciclos de actividad solar más intensos de la última década, las misiones de observación espacial han vuelto a registrar un fenómeno enigmático que desconcierta a la comunidad científica. El 2 de febrero de 2026, durante una serie de erupciones solares extremas, el coronógrafo LASCO C2, situado a bordo del observatorio SOHO, capturó una imagen inusual que guarda un parecido asombroso con un suceso ocurrido hace casi un año.
Por primera vez, el «pájaro» fue registrado por el mismo instrumento LASCO C2 hace casi nueve meses, el 25 de mayo de 2025.
Eran las 15:12 UTC y el mundo científico seguía de cerca las repercusiones de una llamarada de clase X8.11 cuando una estructura nítida apareció en el campo de visión del instrumento. La forma evocaba a un ave gigantesca o a un objeto desplazándose a gran velocidad con una estela brillante tras de sí. Este avistamiento representa el segundo acto de un misterio cósmico que tuvo su primer episodio el 24 de mayo de 2025, alrededor de las 10:00 UTC. En aquella ocasión, el «pájaro», con una envergadura de unos 150.000 kilómetros —más de diez veces el diámetro de la Tierra— y situado a 2 millones de kilómetros sobre la superficie solar, apareció en un solo fotograma para desvanecerse sin dejar rastro apenas 20 minutos después.
La repetición de esta anomalía cobra especial relevancia al producirse en un contexto de furia solar, con 18 llamaradas de gran magnitud registradas en apenas 48 horas. Ante el primer evento, los investigadores plantearon dos teorías fundamentales. La primera, respaldada por los desarrolladores del instrumento, sugiere que se trata del rastro de una partícula galáctica de alta energía impactando contra el sensor CCD del telescopio. El doctor Karl Battams, del Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos (NRL), institución que diseñó el LASCO, sostiene que la falta de desenfoque es un argumento clave; un objeto físico real que pasara cerca del aparato mostraría necesariamente cierta borrosidad, mientras que la forma compleja podría ser el resultado de una cascada de partículas secundarias en la placa de silicio del detector.
No obstante, existe una segunda hipótesis que plantea que este «pájaro» no encaja en las clasificaciones convencionales de fallos técnicos. Según esta visión, la imagen podría ser el resultado de la desintegración de un objeto físico real, de un tamaño comprendido entre decenas y cientos de metros, situado a unos cientos de kilómetros de la sonda. La proyección de este evento sobre el disco solar crearía la ilusión óptica de una estructura colosal cerca de la estrella.
Lo que convierte al «pájaro solar» en un desafío científico sin precedentes es precisamente la naturaleza de su reaparición. El hecho de que dos fenómenos prácticamente idénticos, extremadamente raros y carentes de explicación clara, ocurran con una separación de nueve meses sugiere que no estamos ante una simple casualidad. Si se trata de una partícula, su nivel de energía y la forma en que interactúa con el detector tendrían que ser increíblemente específicos. Por el contrario, si hablamos de un objeto físico, su origen y el motivo de su destrucción siguen siendo un enigma absoluto para los expertos.
Mientras la región activa 4386 se desplaza hacia una posición geoefectiva con el potencial de generar nuevas eyecciones masivas, esta anomalía óptica sirve como un recordatorio de que el cosmos aún guarda secretos. Incluso en una era de mediciones de alta precisión, el espacio exterior presenta sorpresas que desafían los modelos establecidos. Es muy probable que el «pájaro» permanezca en ese 0,1% de observaciones inexplicables que, lejos de ser errores, impulsan el avance de la ciencia al obligar a los investigadores a cuestionar y profundizar en su comprensión de los procesos conocidos.
