El Sol desata una megaerupción X8.11: la tercera más potente del ciclo actual

Autor: Uliana S.

La erupción solar X8.1 de la región 4366 alcanzó su pico a las 23:58 UTC del 01.02.2026; la erupción continúa y muestra dos picos más débiles en el rango de rayos X.

La actividad de nuestra estrella ha alcanzado un nuevo y dramático punto álgido en su comportamiento reciente. El 2 de febrero de 2026, exactamente a las 23:57 UTC, el Sol emitió una llamarada excepcionalmente potente que se ha posicionado entre los tres eventos más intensos registrados en el actual ciclo de once años. Este fenómeno astronómico no solo subraya la naturaleza impredecible del clima espacial, sino que también pone de manifiesto la fase de altísima energía en la que nos encontramos actualmente.

Кадры, полученные с помощью SDO AIA 211, показывают возможные выбросы в восточном/северо-восточном направлении.

Registrada bajo la categoría técnica X8.11, esta explosión masiva se originó en la región activa número 4386. Debido a su magnitud sin precedentes en meses recientes, los expertos la califican como una megallamarada, un término reservado para fenómenos que elevan la actividad solar a niveles de peligrosidad extrema. Con este suceso, el ranking de récords del ciclo solar 25 se ha actualizado de forma significativa: el primer puesto sigue compartido por las llamaradas X9.0 ocurridas en mayo y octubre de 2024, mientras que este nuevo evento X8.11 se asienta firmemente en la tercera posición histórica del periodo actual.

Análisis de los últimos eventos solares por el heliophysicista Стефана Бернса.

Lo más sorprendente de esta situación es la celeridad con la que se ha producido el cambio de escenario en la superficie solar. Apenas unos días antes, el Sol se encontraba en un estado de mínimo anómalo, para pasar repentinamente a demostrar una fuerza cercana al límite máximo registrado en nuestra era. Un factor determinante para la seguridad terrestre en este caso es la ubicación específica de la fuente. La llamarada ocurrió cuando la región 4386 estaba situada a unos 35 grados respecto a la línea imaginaria que une el Sol con la Tierra. Esta orientación particular descarta un impacto frontal directo contra nuestro planeta, aunque deja abierta la posibilidad de que se produzca un roce lateral por la eyección de masa coronal.

Al igual que sucedió con la llamarada de clase X1.04 registrada el pasado 1 de febrero, cuyo pico de intensidad ocurrió a las 12:33 UTC, la evaluación precisa de las consecuencias físicas tardará en llegar. Los científicos y meteorólogos espaciales necesitan varias horas adicionales para procesar y analizar los datos provenientes de los coronógrafos. Estos instrumentos son los encargados de rastrear el movimiento del plasma a través del espacio profundo, y solo tras este estudio se podrá determinar con exactitud si las partículas cargadas afectarán de algún modo a los sistemas de satélites o a la red eléctrica terrestre.

Las observaciones satelitales de última generación han revelado además una anomalía visual sumamente interesante que ha captado la atención de la comunidad científica. En las grabaciones de video se puede apreciar una densa nube oscura que se desplaza velozmente desde el punto exacto de la explosión. Los investigadores sugieren que se trata probablemente de los restos de una protuberancia fría, una inmensa estructura de material solar que fue literalmente desintegrada por la energía colosal de la llamarada. Este efecto visual no es solo una curiosidad para los astrónomos, sino una prueba tangible y aterradora del poder destructivo que se desató en la corona solar.

En conclusión, el significado de la llamarada X8.11 es de naturaleza dual para los habitantes de la Tierra. Por un lado, gracias a una geometría favorable, se espera que sus efectos directos inmediatos sobre nuestro entorno tecnológico sean mínimos. Por otro lado, este evento funciona como una advertencia contundente de que el Sol ha entrado en un periodo de inestabilidad y potencia extrema. Dado que la región activa número 4386 continúa su tránsito natural por el disco solar, se estima que entre el 3 y el 7 de febrero ocupará una posición con mayor efectividad geomagnética. Esto implica que cualquier erupción futura de similar magnitud podría estar dirigida directamente hacia nosotros, manteniendo a los equipos científicos de todo el mundo en un estado de vigilancia redoblada.

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