La misión PACE de la NASA detecta una explosión de vida marina tras la fragmentación del iceberg A-23A

Editado por: Uliana Soloveva

A medida que el iceberg А-23А se rompía, dejó tras de sí bloques de hielo y agua derretida. Estas condiciones contribuyeron a una floración de fitoplancton el 25 de enero de 2026, registrada por el satélite PACE.

La misión satelital PACE (Plankton, Aerosol, Cloud, ocean Ecosystem) de la NASA, que inició su andadura el 8 de febrero de 2024 a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde el complejo de Cabo Cañaveral en Florida, ha comenzado a ofrecer datos fundamentales sobre la salud de nuestros océanos. Recientemente, este avanzado instrumento ha identificado densas concentraciones de clorofila-a, lo que confirma un florecimiento masivo de fitoplancton en las gélidas aguas del Océano Austral. Este fenómeno biológico se ha manifestado de forma espectacular precisamente en la zona donde el colosal iceberg antártico A-23A ha comenzado a fragmentarse.

El derretimiento de los icebergs puede fortalecer el fitoplancton, creando una capa superficial estable con condiciones de crecimiento favorables y liberando plumas de agua derretida, ricas en hierro.

El iceberg A-23A, una mole de hielo que se desprendió de la plataforma Filchner en 1986, contaba originalmente con una superficie de 4170 kilómetros cuadrados. Tras décadas de relativa estabilidad, su proceso de desintegración se intensificó notablemente durante los últimos meses de 2025. Gracias a la vigilancia de satélites como el Suomi NPP, equipado con el sensor VIIRS, se ha podido observar cómo el deshielo de este gigante y sus fragmentos actúa como un catalizador de la actividad biológica. Al derretirse, estas masas liberan nutrientes esenciales que han permanecido atrapados durante siglos, tales como nitratos, fosfatos y, fundamentalmente, hierro disuelto. El hierro funciona como un microelemento crítico para la fotosíntesis, desencadenando un crecimiento explosivo de algas microscópicas.

Dentro de la comunidad científica, se ha debatido largamente si el deshielo de los glaciares actúa como un mecanismo natural de autorregulación climática al fomentar la absorción de dióxido de carbono por parte del fitoplancton. Aunque investigaciones previas sugerían que el agua de deshielo podría carecer de suficiente hierro bioabsorbible, los eventos observados en torno al A-23A indican que la liberación masiva de nutrientes ha superado cualquier carencia inicial. Los sensores han detectado no solo fitoplancton común, sino también colonias especializadas de cianobacterias del género Synechococcus. Estos microorganismos son piezas clave en la «bomba biológica de carbono», un proceso que transporta el carbono hacia las profundidades oceánicas cuando los organismos mueren y se hunden.

La trayectoria del A-23A ha sido seguida con lupa desde que inició su deriva activa en 2020, aproximándose a las costas noroccidentales de la isla de Georgia del Sur. Expertos de la talla de Britney Fajardo, perteneciente al Centro Nacional del Hielo de los Estados Unidos, mantienen una vigilancia constante sobre estos colosos errantes. La degradación acelerada que se observa desde septiembre de 2025, periodo en el que el iceberg ha perdido casi dos tercios de su masa original, evidencia la fragilidad de estas estructuras ante el calentamiento de las aguas del Atlántico Sur. La aparición de lagunas de color azul intenso en la superficie del A-23A es una señal inequívoca de inestabilidad estructural provocada por la hidrofracturación.

Este florecimiento de fitoplancton derivado del deshielo del A-23A tiene repercusiones directas en toda la red trófica del Océano Austral, dado que estos microorganismos constituyen la base alimenticia del krill. Si bien la captura acelerada de carbono podría mitigar temporalmente el exceso de CO2 en la atmósfera, un crecimiento descontrolado de algas también conlleva el riesgo de generar «zonas muertas» por falta de oxígeno. El análisis de la desintegración del A-23A a través de la tecnología PACE ofrece una oportunidad sin precedentes para comprender las complejas interacciones entre el deshielo glacial, los ciclos biogeoquímicos y la evolución del clima en una de las regiones más sensibles de nuestro planeta.

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Fuentes

  • The Debrief

  • Earth.com

  • NASA Earth Observatory

  • The Debrief

  • Earth.com

  • EARTH Magazine

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