Diferencias Visuales Clave entre Humanos, Perros y Gatos Revelan Adaptaciones Sensoriales

Editado por: Olga Samsonova

La comprensión de la percepción visual en perros y gatos es esencial para propietarios y especialistas en oftalmología veterinaria. La investigación constante revela disparidades significativas en adaptación lumínica, agudeza visual y percepción del color entre estos animales domésticos y la especie humana. Los ojos humanos son tricromáticos, poseyendo tres tipos de conos fotorreceptores que permiten percibir una amplia gama cromática y un detalle superior.

Tanto cánidos como felinos presentan una visión dicromática, limitando su espectro de color principalmente a tonos azules y amarillos. Esta configuración les dificulta distinguir entre el rojo y el verde, colores que perciben como variaciones de brillo o contraste, a menudo apareciendo grisáceos o amarillentos. Por ejemplo, la efectividad en la atención canina aumenta con juguetes azules o amarillos, ya que contrastan mejor en entornos verdes. La agudeza visual canina es menor; un perro distingue con nitidez a seis metros lo que un humano percibe a veinte metros, indicando una menor capacidad para detalles finos.

Los felinos han optimizado su visión para la penumbra, una adaptación directa a su naturaleza de cazadores nocturnos. Sus retinas poseen una alta densidad de bastones, células especializadas en la detección de movimiento y visión en baja luminosidad. Un factor crucial en esta capacidad nocturna es el *tapetum lucidum*, una capa reflectante detrás de la retina que maximiza la luz disponible, incrementando la luminosidad hasta un 40% en felinos. Esta estructura causa el característico brillo ocular observado al enfocar un gato con luz directa, un fenómeno ausente en la visión humana, predominantemente diurna.

Mientras los humanos superan a ambas especies en discriminación de color y detalle fino, perros y gatos demuestran una capacidad superior en la detección de movimiento y la navegación en ambientes con poca luz. El ángulo de visión binocular de perros y gatos se estima en 240 grados, superando los 200 grados humanos, aunque su campo binocular sea más reducido. Además, el iris felino permite una expansión pupilar más amplia que la humana, capturando más fotones en la oscuridad. Estudios que datan de pruebas realizadas en el Instituto de Etología de Cambridge a principios de la década de 1980 por Roger Abrantes y colaboradores han consolidado el entendimiento de esta visión dicromática.

El conocimiento de estas capacidades sensoriales divergentes tiene implicaciones prácticas en el manejo y bienestar animal. Reconocer la sensibilidad superior de las mascotas al contraste y al movimiento ayuda a interpretar señales de alerta o curiosidad. En el entrenamiento canino, seleccionar estímulos visuales dentro del espectro azul-amarillo puede optimizar las tareas cognitivas, evitando la frustración generada por objetos rojos o verdes indistinguibles para el animal. La adaptación del entorno doméstico a estas particularidades, incluyendo la necesidad de que los objetos estén a una distancia de entre 30 y 50 centímetros para un enfoque óptimo en perros, mejora la calidad de vida de los animales de compañía.

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Fuentes

  • O Antagonista

  • O Antagonista

  • Catraca Livre

  • Catraca Livre

  • Revista Oeste

  • G1 - Globo

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