Los mercados de valores de EE. UU. mantienen la estabilidad mientras el oro y la plata enfrentan una volatilidad extrema tras la nominación de Warsh para la Fed

Autor: Tatyana Hurynovich

El martes 3 de febrero de 2026, el panorama financiero en los Estados Unidos mostró una dualidad marcada. Mientras los índices bursátiles lograron conservar una relativa calma a la espera de informes corporativos determinantes, los metales preciosos como el oro y la plata se vieron sumergidos en una espiral de volatilidad extrema. Este comportamiento errático de los mercados fue una respuesta directa al anuncio de Donald Trump sobre la nominación de Kevin Warsh para liderar la Reserva Federal (Fed), un movimiento que ha recalibrado las expectativas hacia una política monetaria significativamente más restrictiva.

En el ámbito de la renta variable, los futuros de las acciones estadounidenses, particularmente los vinculados al S&P 500 y al Nasdaq, exhibieron una notable resiliencia. El S&P 500 alcanzó el hito de los 7000 puntos, registrando un incremento del 0,33%, en un contexto donde una cuarta parte de las firmas del índice se disponían a presentar sus balances financieros. El sector tecnológico lideró esta fortaleza; las acciones de Teradyne se dispararon un 23,8% tras proyecciones optimistas, mientras que Alphabet cerró la jornada del 2 de febrero de 2026 en un máximo histórico de 343,80 dólares. Por su parte, Palantir reportó un crecimiento sólido derivado de sus resultados del cuarto trimestre de 2025, proyectando ingresos para 2026 de entre 7,182 y 7,198 mil millones de dólares. Greg Smith, director ejecutivo de Teradyne, reafirmó las expectativas de expansión en todas las líneas de negocio para 2026, destacando el impulso en el segmento de computación gracias a las inversiones en inteligencia artificial.

Por el contrario, el mercado de metales preciosos sufrió una corrección abrupta y profunda. El oro, que el pasado 29 de enero había alcanzado un pico superior a los 5580 dólares por onza, retrocedió hasta situarse cerca de los 4545 dólares para el 2 de febrero. La plata no fue ajena a esta tendencia: tras tocar un récord de casi 121,64 dólares por onza el 29 de enero, su valor se desplomó casi un tercio hasta los 72 dólares, aunque mostró un ligero repunte hacia los 85,98 dólares el 3 de febrero. Christopher Forbes, analista de CMC Markets, describió este fenómeno como una "limpieza del apalancamiento acumulado en el sistema". Esta liquidación masiva se vio exacerbada por el fortalecimiento del dólar tras la nominación de Warsh, a quien los inversores perciben como una figura de inclinación "halcón" o restrictiva.

La incertidumbre en el entorno macroeconómico se ha visto agravada por el cierre parcial del gobierno federal de los Estados Unidos. Esta situación ha provocado el aplazamiento de datos económicos vitales, incluyendo el informe de empleo de enero que estaba programado para el 6 de febrero, dejando a los analistas sin una brújula clara sobre la salud del mercado laboral. A pesar de este vacío de información, el consumo parece resistir, aun cuando el índice de confianza del consumidor de The Conference Board cayó en enero a 84,5 puntos, su nivel más bajo desde mayo de 2014.

La elección de Kevin Warsh, quien formó parte de la Junta de Gobernadores de la Fed entre 2006 y 2011, ha sido interpretada como una señal de que el banco central mantendrá una postura firme, desafiando las esperanzas de una flexibilización que predominaban en enero. Aunque entidades de peso como Deutsche Bank y JPMorgan mantienen proyecciones alcistas a largo plazo para el oro, con objetivos de 6000 y 6300 dólares por onza respectivamente, la volatilidad actual refleja la sensibilidad inmediata de los activos ante el cambio de guardia en la institución monetaria más influyente del mundo.

Este escenario de transición subraya la complejidad de los mercados financieros actuales, donde la política fiscal y las nominaciones administrativas pueden eclipsar temporalmente los fundamentos corporativos. Los inversores ahora centran su atención en cómo la nueva dirección de la Reserva Federal equilibrará la lucha contra la inflación con la necesidad de sostener el crecimiento económico en un año que promete ser transformador para la economía global.

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