La antigua prisión de Nara en Japón, hoy un hotel de lujo.
Japón y Turquía transforman prisiones históricas en hoteles de lujo
Autor: Tatyana Hurynovich
El panorama del turismo de lujo está viviendo una metamorfosis sin precedentes, donde la historia y la exclusividad se entrelazan mediante la reconversión de antiguas infraestructuras penitenciarias en hoteles de alta gama. Esta tendencia global ha encontrado sus máximos exponentes en Japón y Turquía, naciones que están transformando prisiones históricas —la de Nara en el país nipón y la de Sultanahmet en el corazón de Estambul— en alojamientos de primer nivel que abrirán sus puertas o renovarán su propuesta para el año 2026. Esta estrategia de reutilización adaptativa no solo permite rescatar edificios de gran valor arquitectónico, sino que también redefine el concepto de hospitalidad premium.
El hotel Four Seasons Sultanahmet en Estambul se encuentra en el edificio de la antigua prisión de Sultanahmet.
En la histórica ciudad de Nara, la compañía Hoshino Resorts está liderando un ambicioso proyecto para convertir la antigua prisión de Nara en el primer hotel de lujo de este estilo en Japón. Bajo la marca HOSHINOYA Nara Prison, este establecimiento tiene programada su apertura para el 25 de junio de 2026. El diseño original, obra del arquitecto Keijiro Yamashita, sigue el sistema radial Haviland, caracterizado por alas que convergen en una torre de vigilancia central. El nuevo hotel dispondrá de 48 habitaciones de lujo, logradas tras la unificación de varias celdas individuales, lo que permitirá a los huéspedes apreciar la mampostería original de ladrillo rojo en un entorno de confort moderno. Como preámbulo, el 27 de abril de 2026 se inaugurará el Museo de la Prisión de Nara en el mismo recinto.
La prisión de Nara, cuya construcción data de 1908, es el único vestigio que permanece intacto de las denominadas "Cinco Grandes Prisiones de Meiji", construidas durante la era de modernización del sistema judicial de Japón entre 1868 y 1912. Debido a su relevancia histórica, el sitio fue designado como Bien Cultural de Importancia Nacional en 2017, año en el que cesó sus operaciones en marzo. Aunque inicialmente se esperaba que la renovación concluyera entre 2020 y 2021, la crisis sanitaria global provocada por el coronavirus retrasó el cronograma. Es notable destacar que el complejo abarca una superficie de aproximadamente 106.000 metros cuadrados y fue edificado, en gran medida, por el trabajo de los propios prisioneros de la época.
Por su parte, en Estambul, el hotel Four Seasons Sultanahmet se mantiene como un pilar del turismo de herencia cultural al ocupar lo que fue la antigua prisión de Sultanahmet. Este edificio de la época otomana fue construido entre 1918 y 1919; aunque inicialmente se proyectó como una casa de huéspedes, terminó funcionando como centro de detención. Desde su apertura como hotel en 1996, la propiedad ha sabido conservar elementos estructurales de mármol y piedra, especialmente en espacios como el spa Kurna. Históricamente, este lugar es recordado por haber albergado a importantes figuras de la disidencia intelectual turca, entre las que destaca el renombrado poeta Nazım Hikmet.
La administración de la prefectura de Nara ve en esta reconstrucción una oportunidad clave para diversificar y potenciar el gasto turístico en la región. Según datos del año fiscal 2023, el gasto promedio por visitante en Nara fue de apenas 6.000 yenes (entre 40 y 46 dólares estadounidenses), una cifra que se sitúa por debajo de la media nacional de 9.931 yenes (aproximadamente entre 66 y 76 dólares). Con la llegada del proyecto HOSHINOYA Nara Prison y su oferta de suites de lujo, las autoridades locales confían en incentivar estancias más largas y un mayor impacto económico por parte de los viajeros internacionales y locales.
En conclusión, los proyectos desarrollados en Nara y Estambul son testimonios de un movimiento internacional que busca convertir monumentos arquitectónicos cargados de historia en activos turísticos de valor incalculable. Al integrar el respeto por el pasado con las demandas del turismo de élite contemporáneo, estas iniciativas no solo salvan estructuras del olvido, sino que ofrecen a los visitantes una experiencia cultural profunda y auténtica. La transformación de estas prisiones en hoteles de lujo demuestra que es posible armonizar la preservación del patrimonio con el desarrollo económico sostenible en el sector de la hospitalidad.