Gran movilización en Berlín conmemora la revolución iraní en medio de una escalada diplomática sin precedentes

Editado por: Tatyana Hurynovich

El sábado 7 de febrero, la capital alemana se convirtió en el epicentro de una multitudinaria manifestación en respaldo a la insurrección popular que sacude actualmente a Irán. Esta movilización en Berlín coincidió con el aniversario de la revolución antimonárquica de 1979, estableciendo un paralelismo histórico y político profundo entre las aspiraciones democráticas actuales y los hitos fundamentales que transformaron la nación persa hace décadas.

El movimiento de protesta, que se originó el 28 de diciembre de 2025 debido al agravamiento de la crisis económica, ha evolucionado hacia una corriente política de gran alcance. Según diversos defensores de los derechos humanos, esta ola de descontento se enfrenta a una represión estatal comparable a la violencia ejercida durante los sucesos de 1979. El punto de encuentro central fue la emblemática Puerta de Brandeburgo, donde la policía estimó una asistencia de 8,000 personas hacia las 13:00 GMT. No obstante, los organizadores elevaron la cifra a 20,000 participantes, atribuyendo la diferencia a la cancelación masiva de vuelos que impidió la llegada de numerosos activistas. Shahin Gobadi, representante del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (NCRI), vinculó estas discrepancias también a las adversas condiciones meteorológicas, mientras que el exsecretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, tuvo que participar de forma telemática tras verse afectado por los problemas en el transporte aéreo.

Considerada la mayor acción de la diáspora iraní en suelo europeo, la jornada contó con el respaldo formal de 344 organizaciones y figuras políticas, incluyendo sindicatos y grupos parlamentarios de amistad europeos, además de 312 asociaciones iraníes. Durante su alocución ante la multitud, Maryam Rajavi, presidenta electa del NCRI, reafirmó la hoja de ruta del movimiento: el cambio de régimen debe ser fruto exclusivo de una resistencia interna organizada. Rajavi descartó tajantemente cualquier política de apaciguamiento o intervención militar extranjera, expresando una confianza absoluta en el derrocamiento definitivo del sistema clerical que gobierna el país.

La atmósfera en Berlín estuvo marcada por una tensa coyuntura diplomática derivada de las recientes decisiones de la Unión Europea. A finales de enero de 2026, el bloque comunitario designó oficialmente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) como una organización terrorista. Esta medida conllevó la congelación de activos y la prohibición de entrada para 15 altos funcionarios y seis entidades iraníes. Como contrapartida, Mohammad-Bagher Ghalibaf, presidente del parlamento iraní, anunció que las fuerzas armadas de los países de la UE serían consideradas grupos terroristas, amparándose en una ley de reciprocidad de 2019. Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, calificó la respuesta de Teherán como una maniobra propagandística carente de fundamento, subrayando la gravedad del cisma diplomático actual.

Diversos analistas sugieren que, aunque la rebelión iniciada el 28 de diciembre de 2025 comparte raíces con el espíritu de 1979, el aparato estatal ejerce hoy un control y una represión mucho más férreos. En contraste, el líder supremo Alí Jamenei, al referirse al aniversario revolucionario, sostuvo que el pueblo iraní no cederá ante las amenazas externas. En este escenario, el mitin de Berlín se consolida como una pieza estratégica para la oposición iraní en el extranjero, que busca proyectar su visión de una república soberana y democrática en un contexto de conflicto interno persistente y relaciones internacionales cada vez más fracturadas con los estados europeos.

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Fuentes

  • Reuters

  • NCRI

  • The Washington Times

  • EU Reporter

  • NCRI

  • DPA International

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