La primera gran tormenta geomagnética de 2026 concluye batiendo récords históricos y desafiando a la ciencia

Autor: Uliana S.

Índice geomagnético Kp del 20 al 22 de enero de 2026

Esta semana, los habitantes de la Tierra han sido testigos de uno de los eventos cósmicos más impactantes de lo que va de siglo. Tras varios días de intensas perturbaciones, la magnetosfera de nuestro planeta ha recuperado finalmente la calma, marcando el fin de la primera tormenta solar de 2026, la cual destacó por su excepcional potencia. Este fenómeno, además de regalar un espectáculo visual sin precedentes con auroras boreales en latitudes inusuales, ha obligado a la comunidad científica a replantearse sus conocimientos actuales sobre el comportamiento y la actividad de nuestra estrella en el ciclo actual.

Auroras boreales en Italia - Passo Giau Dolomiti d'Ampezzo - 19 января 2026 года

La secuencia de eventos comenzó el pasado domingo 18 de enero, exactamente a las 18:09 UTC, cuando el Sol emitió una llamarada masiva de clase X1.9. El origen de esta explosión fue la región activa 4341, una zona que ya había mostrado signos de gran inestabilidad con dos estallidos previos mientras se encontraba en la cara oculta del astro. Debido a la rotación solar, esta región se posicionó frontalmente hacia la Tierra en el momento justo del estallido, lo que garantizó un impacto directo que superó todas las previsiones iniciales de los expertos, convirtiéndose en un golpe certero contra nuestro escudo magnético.

Uno de los aspectos más sorprendentes de este evento fue la magnitud de la tormenta de radiación, algo que no se registraba con tal intensidad desde finales del siglo XX. En apenas 24 horas, el flujo de protones altamente energéticos alcanzó una densidad de 37.000 partículas por centímetro cuadrado por segundo. Esta cifra no solo pulverizó el peligroso nivel rojo, sino que superó los récords históricos del 6 de noviembre de 2001, con 31.700 unidades, y del 29 de octubre de 2003, con 29.500 unidades, acercándose peligrosamente al máximo absoluto registrado en 1991 de 43.000 partículas. La intensidad fue tal que los sensores de la nave espacial ACE quedaron inoperativos, privando temporalmente a los investigadores de datos precisos sobre la velocidad de la nube de plasma.

La tormenta geomagnética propiamente dicha alcanzó su punto álgido entre el 20 y el 21 de enero, siendo catalogada como G4.7 en una escala de 5 niveles, situándose al borde de la categoría máxima G5. Sin embargo, el fenómeno más destacado fue la extensión geográfica de las auroras. Habitualmente confinadas a las regiones polares, en esta ocasión descendieron a latitudes sorprendentes: en América del Norte se avistaron hasta los 35-40° en estados como California y Alabama; en Europa llegaron a los 40-45°, alcanzando el sur de Francia y el norte de Italia; mientras que en Asia el resplandor llegó al paralelo 45-50°. Esta expansión fue el resultado directo de la colosal cantidad de energía inyectada en el campo magnético terrestre.

Tras aproximadamente 42 horas de actividad intensa, el evento ha concluido y la eyección de plasma se ha desplazado hacia las profundidades del sistema solar. Ahora comienza una fase de análisis exhaustivo para determinar el impacto real en la flota de satélites y comprender por qué una llamarada de clase X moderada generó una tormenta de protones tan desproporcionada. Aunque el Sol ha vuelto a un estado de actividad moderada y no se esperan impactos similares a corto plazo, la tormenta de enero de 2026 ya figura en los libros de texto como un recordatorio de la vulnerabilidad de nuestra civilización tecnológica frente al poder de la naturaleza cósmica.

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