Las estaciones de esquí suizas combaten el cambio climático con una producción de nieve artificial energéticamente eficiente

Autor: Tatyana Hurynovich

El recrudecimiento del cambio climático está poniendo en jaque el porvenir del turismo invernal en la cordillera de los Alpes, con un impacto especialmente severo en Suiza, donde la escasez de mantos de nieve naturales es cada vez más evidente. Esta coyuntura crítica ha obligado a los centros de esquí, sobre todo a aquellos situados en altitudes bajas y medias, a incrementar su dependencia de la producción de nieve artificial, un proceso tradicionalmente intensivo en energía. Según los registros de la Asociación de Teleféricos de Suiza, durante la última década los operadores han contabilizado un promedio de 6,8 inviernos con nieve garantizada de cada 10. No obstante, existe una brecha notable según el tamaño de la estación: los complejos de mayor envergadura, con ingresos superiores a los cinco millones de francos, reportaron una situación mucho más favorable de 8,5 sobre 10, mientras que las estaciones más modestas se quedaron en un 6,2.

Dado que el calentamiento global en territorio suizo progresa casi al doble de velocidad que la media mundial, la modernización tecnológica en la generación de nieve se ha consolidado como una medida de adaptación fundamental. En este escenario, el fabricante suizo Bächler, que desarrolla cañones de nieve de alta eficiencia desde 1999, lidera la vanguardia con soluciones innovadoras como las lanzas de nieve de la serie SnoTek. Los modelos más recientes de esta firma han logrado una reducción drástica en el consumo de recursos, utilizando apenas 150 litros de aire comprimido por minuto. Esta cifra representa un avance monumental frente a los equipos de mediados de los años 80, que requerían hasta 2900 litros por minuto. La empresa Bächler Top Track AG centra sus esfuerzos en maximizar el rendimiento y la calidad, proporcionando soluciones personalizadas que refuerzan la competitividad de sus clientes.

La optimización técnica de la producción de nieve alcanza su punto álgido cuando la temperatura de bulbo húmedo se sitúa en un rango de entre -2,5°C y -6°C, lo que evidencia que, a pesar de los avances, la tecnología sigue supeditada a las condiciones meteorológicas. Ante esta vulnerabilidad, la industria considera las inversiones tecnológicas como un requisito indispensable para la supervivencia, complementándolas con herramientas estratégicas como el Snow Compass (Brújula de Nieve), que ofrece datos científicos precisos para la planificación operativa. Más allá del turismo, estos principios se están aplicando en contextos ecológicos críticos: en el glaciar de Morteratsch, se utiliza nieve artificial para frenar el deshielo mediante el aumento del albedo superficial. Las investigaciones sugieren que este aporte de nieve puede influir en la preservación del glaciar a largo plazo, aunque se estima que los efectos tangibles tardarán aproximadamente 10 años en manifestarse.

Las proyecciones para el año 2050 son alarmantes, sugiriendo que la cota de cero grados en Suiza ascenderá otros 300 metros, lo que dejará en una posición de extrema fragilidad a las estaciones situadas por debajo de los 1500 metros, donde las precipitaciones serán predominantemente en forma de lluvia. Como respuesta, diversos complejos están implementando estrategias integrales de sostenibilidad. Por ejemplo, la estación de Corviglia-Sankt-Moritz está construyendo el Nair Pitschen, su segundo depósito de gran altitud. Junto al embalse existente Lej Alv, que posee una capacidad de 400.000 m³, esta infraestructura permitirá ahorrar 1 GWh de electricidad al año —cerca del 10% del consumo total del complejo— al aprovechar la fuerza de la gravedad en lugar de bombear agua desde el valle.

Otros ejemplos destacados de esta transformación incluyen a Engelberg, que ha realizado la transición hacia un suministro eléctrico para sus remontes basado al 100% en energía hidroeléctrica. Por su parte, el destino de Flims Laax Falera aspira a convertirse en la primera región alpina totalmente autosuficiente bajo el marco de su ambiciosa iniciativa Greenstyle. Estos esfuerzos conjuntos demuestran que la viabilidad del turismo de invierno en el siglo XXI no solo depende de los logros de la ingeniería, sino de una reestructuración profunda y multifacética de todas las operaciones comerciales y medioambientales en la montaña.

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