En febrero, el Sol ya ha producido 6 llamaradas solares de clase X. En esta imagen compuesta, las seis llamaradas solares de clase X están superpuestas al Sol simultáneamente.
La tormenta que no fue: la región activa 4366 se silencia tras una actividad solar sin precedentes
Autor: Uliana S.
Uno de los periodos de actividad solar más intensos de las últimas décadas ha concluido de manera repentina y sin dejar rastro, planteando un nuevo enigma para la comunidad de astrofísicos a nivel global. La región activa 4366, que había dominado el disco visible del Sol desde principios de febrero y estuvo a punto de superar los registros históricos del siglo XXI por su elevado número de llamaradas potentes, se sumió en un silencio absoluto el viernes 6 de febrero. Este cese abrupto de actividad ha desconcertado a los expertos, quienes seguían de cerca la evolución de este fenómeno sin precedentes en la historia reciente de nuestra estrella.
Una foto de la erupción X4.2 del 4 de febrero, que muestra material solar a una temperatura de aproximadamente 18 millones de grados Fahrenheit, con la Tierra mostrada a escala.
Apenas unos días antes, concretamente durante las jornadas del 4 y 5 de febrero, esta zona fue el epicentro de 22 explosiones de categorías M y X, que representan la intensidad media y máxima respectivamente. La región se encontraba en una posición geométrica ideal para que sus efectos impactaran directamente contra la Tierra, lo que activó todas las alertas de monitoreo espacial. En teoría, cada una de estas erupciones poseía el potencial necesario para desencadenar una tormenta geomagnética de proporciones extremas. Sin embargo, desafiando todos los modelos predictivos y las estadísticas habituales, el campo magnético de nuestro planeta solo registró perturbaciones débiles y episódicas, sin que se llegara a contabilizar ninguna tormenta de gravedad real.
Los científicos han calificado este fenómeno como una auténtica anomalía dentro del estudio del clima espacial contemporáneo. Por lo general, las eyecciones de masa coronal, que son nubes gigantescas de plasma que acompañan a las llamaradas solares más potentes, actúan como el principal motor de las tormentas magnéticas terrestres. No obstante, en el caso específico de la región 4366, ocurrió algo excepcional: la configuración de los campos magnéticos en dicha área parece haber obstaculizado la formación y el lanzamiento efectivo de estas nubes en dirección a la Tierra. Aunque las explosiones fueron de una magnitud considerable, su capacidad de impacto fue neutralizada de forma natural, dando la impresión de que el Sol estaba disparando salvas de fogueo.
Este acontecimiento adquiere una relevancia especial si se analiza dentro del contexto de la altísima actividad solar registrada a lo largo del año 2026. Hace tan solo un mes, en enero, otra región activa generó la tormenta de radiación más fuerte de la que se tiene constancia en el presente siglo. El reciente repunte de febrero, a pesar de no haber afectado significativamente a la infraestructura tecnológica terrestre, estableció un récord en cuanto a la frecuencia de las erupciones detectadas en un periodo corto. Además, el 6 de febrero se registraron explosiones masivas en la cara oculta del Sol, lo que sugiere que las profundidades de nuestra estrella aún albergan reservas energéticas colosales que podrían manifestarse próximamente.
En la actualidad, el Sol parece haber entrado en una fase transitoria de estabilización y calma relativa. A pesar de este cambio de ritmo, la región activa 4366 permanecerá dentro del campo de visión terrestre durante aproximadamente cinco días más, manteniendo teóricamente la posibilidad de realizar un último esfuerzo por batir los récords de actividad antes de desaparecer por el limbo solar. Independientemente de lo que ocurra en las próximas jornadas, este episodio ya se ha asegurado un lugar en los anales de la meteorología espacial como un ejemplo fascinante de cómo incluso las tormentas solares más prometedoras pueden disiparse sin causar daños, dejando un enigma cuya resolución científica todavía está pendiente de ser descubierta por los investigadores.