IODP³-NSF Exp 501: Nuestro hogar para la expedición
Reservas ocultas bajo el océano: el hallazgo histórico en las costas de Nueva Inglaterra
Editado por: Inna Horoshkina One
Un equipo internacional de investigadores ha presentado, por primera vez, evidencias directas e irrefutables sobre la existencia de un vasto sistema de agua dulce oculto bajo el lecho marino frente a las costas de Nueva Inglaterra. Este hito científico representa un cambio de paradigma para la hidrogeología contemporánea y promete transformar nuestra comprensión sobre los recursos hídricos disponibles en las regiones costeras de todo el mundo.
Aunque la hipótesis sobre la presencia de estos reservorios subterráneos ocultos fue planteada originalmente en el año 1976, no ha sido sino hasta ahora que se ha obtenido una confirmación empírica definitiva. Este logro ha sido posible gracias al desarrollo de una expedición marina diseñada específicamente para localizar estas fuentes de agua.
El descubrimiento se produjo en el marco de la misión IODP-NSF Expedition 501, un esfuerzo colaborativo entre el Programa Internacional de Perforación Oceánica y la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Durante esta operación, los científicos lograron documentar y extraer muestras reales de agua de baja salinidad que se encuentran situadas directamente bajo el fondo del mar.
Las labores de perforación se llevaron a cabo entre los meses de mayo y agosto de 2025. Durante este periodo, se exploró una zona sedimentaria con un espesor de aproximadamente 200 metros. El análisis detallado de los materiales, concluido a principios de 2026, ratificó la presencia de agua en diversas capas de los sedimentos del fondo, marcando el inicio de un nuevo capítulo en el estudio de la hidrogeología de la plataforma continental.
Para obtener estos resultados, los investigadores establecieron tres estaciones de perforación a lo largo de un trayecto de 45 kilómetros en la plataforma de Nueva Inglaterra, situadas al oeste de las islas de Nantucket y Martha's Vineyard. La expedición estuvo bajo la dirección experta de la profesora Karen Johannesson, de la Universidad de Massachusetts en Boston, y del profesor Brandon Dugan, de la Colorado School of Mines.
Las mediciones técnicas revelaron que, en varios de los puntos analizados, la salinidad del agua era inferior al 1‰, lo cual se ajusta perfectamente a los estándares de agua potable establecidos en los Estados Unidos. Se observó que, aunque la salinidad tendía a aumentar a medida que la investigación se alejaba de la línea de costa, los niveles permanecían significativamente por debajo de los del agua marina, confirmando la existencia de un sistema de aguas subterráneas a gran escala en alta mar.
Un aspecto que despertó un interés especial entre los expertos fue la litología del lugar. En lugar de encontrar las formaciones rocosas cementadas que se esperaban inicialmente, el perfil geológico mostró depósitos sedimentarios sueltos en todo el espesor de la sección analizada, lo que ofrece una visión inédita de la estructura del subsuelo marino.
La profesora Rebecca Robinson, vinculada a la Universidad de Rhode Island, señaló que los núcleos de sedimentos extraídos están compuestos por cuatro unidades litológicas de diferentes edades cronológicas. Esta diversidad estructural indica que el sistema posee una historia de formación sumamente compleja y prolongada en el tiempo.
En la actualidad, la investigación ha avanzado hacia una segunda fase en la que las muestras de sedimentos y agua intersticial están siendo analizadas en la University of Bremen, durante los meses de enero y febrero de 2026. En este proceso también participa activamente el geoquímico Thomas Harald Müller, representante del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel.
El siguiente paso de la investigación se centra en descifrar el origen exacto de esta reserva hídrica. Los científicos sugieren que el agua pudo haber quedado atrapada durante la última glaciación, una época en la que el nivel del mar era considerablemente más bajo y las aguas del deshielo daban forma a sistemas fluviales en lo que entonces era una plataforma continental expuesta. Con el posterior ascenso del nivel del océano, estas estructuras quedaron sepultadas bajo el suelo marino actual.
El análisis de isótopos del agua funcionará como una suerte de huella dactilar, permitiendo determinar con precisión tanto su fuente original como su antigüedad. Comprender la dinámica de estos sistemas costeros es una tarea crítica en el contexto actual de ascenso del nivel del mar, un fenómeno climático que hace que estos acuíferos ocultos sean especialmente vulnerables a la contaminación.
Este tipo de reservorios submarinos ya han sido detectados previamente en las costas de Australia, China y Sudáfrica. Estos hallazgos previos refuerzan la idea de que nos encontramos ante un fenómeno de carácter global que podría tener implicaciones profundas para la seguridad hídrica del futuro.
Más allá de los datos técnicos, este descubrimiento aporta una dimensión profunda al conocimiento de nuestro planeta, como si se tratara de una capa de memoria silenciosa y antigua que finalmente sale a la luz. Lo más trascendental de este hallazgo no es solo la presencia de agua dulce bajo el salitre del océano, sino el hecho de que la historia de la Tierra está emergiendo a la superficie, capa por capa.
Lo que durante décadas permaneció como una mera hipótesis científica se ha transformado hoy en una prueba directa y tangible. Tras milenios de reposo en el silencio absoluto de las profundidades, la Tierra ha comenzado a hablar, revelando que no oculta sus secretos, sino que los ofrece generosamente cuando la humanidad está finalmente preparada para escuchar su mensaje.
Fuentes
Ocean News & Technology
University of Leicester
The University of Rhode Island
Colorado School of Mines