Máximo de hielo marino ártico 2025
El Ártico, la memoria del océano y la sensibilidad climática
Editado por: Inna Horoshkina One
Existen hallazgos científicos que no solo alteran las estadísticas, sino que transforman por completo nuestra percepción temporal de la Tierra. Una investigación reciente sobre los sedimentos del fondo marino en el Ártico central representa precisamente uno de esos hitos que obligan a replantear la historia geológica de nuestro planeta.
Mediante el análisis de núcleos de sedimentos extraídos durante la Arctic Coring Expedition (ACEX) en la Cordillera de Lomonósov, los científicos han logrado redefinir el momento exacto en que el hielo marino perpetuo hizo su primera aparición en la cronología terrestre. Este estudio arroja luz sobre un pasado mucho más dinámico de lo que se sospechaba anteriormente.
En los estratos correspondientes al Eoceno medio, con una antigüedad aproximada de 47,5 millones de años, los investigadores identificaron la presencia de granos de hierro de dimensiones considerables. Estos fragmentos resultan demasiado pesados para haber sido transportados por el viento y excesivamente grandes para ser desplazados por las corrientes oceánicas convencionales.
La única explicación viable para su presencia en esa ubicación es el transporte mediante el hielo marino. Esto implica que, ya en aquella época remota, el hielo se formaba, se mantenía y se desplazaba, actuando como un vehículo que trasladaba materiales desde las plataformas árticas distantes hasta el corazón del océano. En este contexto, el hielo no era un episodio aislado, sino un agente geológico activo.
Sin embargo, el aspecto más trascendental del estudio no es la mera existencia del hielo, sino la naturaleza volátil y cambiante que presentaba en sus inicios. Las evidencias demuestran que la primera cobertura de hielo "eterno" en el Ártico fue, en realidad, un fenómeno efímero que no logró establecerse de forma definitiva en su primer intento.
Aunque comenzó a manifestarse hace unos 44 millones de años, su existencia se limitaba a intervalos breves de menos de 100.000 años. Finalmente, esta fase inicial desapareció por completo hace aproximadamente 36,7 millones de años. Este periodo representó una suerte de ensayo general para el planeta; la Tierra experimentó con la formación de hielo en el polo norte para luego dejarlo retroceder.
El descubrimiento adquiere una profundidad adicional gracias al hallazgo de marcadores biológicos específicos en los sedimentos. Se trata de fósiles de diatomeas del género Synedropsis, unas algas unicelulares cuya existencia está intrínsecamente ligada a la presencia de hielo marino, lo que confirma las condiciones ambientales de la época.
Gracias a estos datos, se ha podido reconstruir una evolución climática en dos etapas fundamentales:
- Hace unos 47,5 millones de años: aparición de hielo episódico en las plataformas costeras.
- Aproximadamente 0,5 millones de años después: inicio de la formación de hielo estacional en el Ártico central.
Resulta fascinante que este proceso ocurriera en un contexto de clima de "invernadero", donde las temperaturas superficiales del Océano Ártico oscilaban entre los 18 y 23 °C. El hielo no surgía simplemente por un enfriamiento extremo, sino de un delicado equilibrio sistémico entre diversos factores globales.
En este análisis, los granos de hierro funcionan como un indicador clave o "proxy". Su estudio permite diferenciar claramente el hielo marino de los icebergs de origen terrestre, una distinción vital para comprender los mecanismos climáticos. Mientras que el hielo marino influye en el intercambio de calor y gases entre la atmósfera y el océano, el hielo continental afecta primordialmente al nivel del mar.
Al observar el pasado, encontramos un espejo de nuestra realidad actual. El Ártico se encuentra nuevamente en un punto de inflexión, con una pérdida acelerada de su masa helada que sugiere que el Océano Ártico podría quedar libre de hielo estacional para el año 2040 o incluso antes, según las proyecciones actuales.
Desde una perspectiva geológica, la capa de hielo estable y permanente que conocemos en el Ártico central ha existido durante un periodo relativamente corto de entre 13 y 14 millones de años. Antes de ese periodo, el hielo era un visitante que venía y se marchaba según las fluctuaciones del entorno planetario.
Este descubrimiento no busca ofrecer consuelo ni sembrar el pánico, sino proporcionar una sintonía más precisa con los ritmos naturales de la Tierra. Nos recuerda que el Ártico no es una entidad estática, sino un sistema extremadamente sensible que reacciona con rapidez ante cualquier alteración del balance energético.
Por esta razón, el Ártico es hoy el primer territorio en advertirnos sobre los cambios venideros. El hielo no es simplemente una manifestación del frío extremo; es el lenguaje del equilibrio entre el océano, la atmósfera y el paso inexorable del tiempo geológico.
Fuentes
Nature
The Washington Post
PMC - PubMed Central
ResearchGate
ARIA
Princeton University
