Un búnker nuclear cae por un acantilado.
Un búnker de la Guerra Fría con siete décadas de historia colapsa ante la erosión en el este de Yorkshire
Editado por: Tetiana Martynovska 17
Un búnker nuclear del Royal Observer Corps (ROC), construido durante la época de la Guerra Fría en los volátiles acantilados del este de Yorkshire, ha colapsado finalmente en las aguas del Mar del Norte como consecuencia de la erosión costera incesante. Esta estructura, conocida específicamente como el puesto de observación Tunstall ROC, tenía una antigüedad de aproximadamente siete décadas y constituía una pieza fundamental de la infraestructura de defensa civil del Reino Unido. El desprendimiento definitivo ocurrió durante el transcurso de la noche entre el jueves 22 y el viernes 23 de enero de 2026, después de que la construcción de ladrillo permaneciera suspendida peligrosamente sobre el precipicio durante varios días previos.
Un búnker nuclear de la Guerra Fría, que colgaba del borde de un acantilado en East Yorkshire, ha caído al mar.
La instalación, cuya construcción se remonta a 1959, fue diseñada como una estación de vigilancia estratégica bajo la autoridad del Royal Observer Corps para ser utilizada en caso de un conflicto nuclear. Su misión operativa principal consistía en detectar con rapidez cualquier detonación atómica y medir posteriormente los niveles de radiación y lluvia radiactiva en la región circundante. En cuanto a su arquitectura, el puesto contaba con dos cámaras subterráneas ideadas para ofrecer refugio a corto plazo a los voluntarios que operaban la estación. Tras la disolución de la Unión Soviética y el cambio en el clima geopolítico global, el sitio fue oficialmente retirado de servicio a principios de los años 90, sin haber tenido que cumplir nunca su propósito bélico original.
El destino final de este búnker está intrínsecamente ligado a las características geológicas de la costa de Holderness, una zona que registra algunas de las tasas de retroceso litoral más aceleradas de todo el Reino Unido. En sus inicios, la edificación se situaba a unos 91 metros de distancia de la orilla del acantilado, pero el avance implacable del mar terminó por alcanzar sus cimientos. Según datos de la Agencia de Medio Ambiente, la costa de Holderness retrocede a una velocidad media de dos metros por año. Este fenómeno erosivo ha provocado una pérdida de tierra acumulada de unos cinco kilómetros desde la época de la ocupación romana, resultando en la desaparición total de 23 aldeas históricas.
Durante los días que precedieron al colapso, se pudo observar cómo el búnker quedaba suspendido de forma casi milagrosa a unos 7,5 metros sobre la playa y el lecho rocoso. El historiador aficionado Davey Robinson y su pareja Tracy Charlton se encargaron de documentar con detalle este proceso de degradación ambiental a través de su canal de YouTube, denominado "bunker watch", logrando captar el interés de una audiencia internacional. Robinson describió la caída de la estructura como un recordatorio simbólico del poder de la naturaleza para recuperar los espacios transformados por el hombre. Cabe recordar que la red del Royal Observer Corps llegó a contar con cientos de estos puestos fortificados en todo el territorio británico, diseñados para recabar información crítica ante posibles ataques soviéticos.
Antes de que se produjera el derrumbe total, el Consejo de East Riding había emitido alertas claras para que los ciudadanos evitaran acercarse a esta zona de alta inestabilidad. Las autoridades ya habían catalogado previamente el lugar como un punto donde no se llevarían a cabo intervenciones de defensa costera activa. Una vez que la estructura cayó al vacío, las primeras inspecciones revelaron que el bloque de ladrillo se mantenía mayoritariamente compacto al pie del acantilado. Este suceso pone de manifiesto un reto de escala nacional: la necesidad de documentar y, en la medida de lo posible, preservar estos vestigios de la Guerra Fría antes de que las fuerzas de la naturaleza los borren definitivamente del mapa.
La pérdida del puesto de Tunstall sirve como un sombrío recordatorio de que el patrimonio histórico no solo está amenazado por el paso del tiempo, sino también por la dinámica cambiante de nuestro entorno natural. A medida que la línea costera continúa su repliegue, otros monumentos de la defensa civil británica podrían enfrentar un final idéntico. La labor de entusiastas y expertos en preservación se vuelve ahora más urgente que nunca, buscando rescatar la memoria de una época de tensión global antes de que los restos físicos desaparezcan bajo el oleaje del Mar del Norte.
Fuentes
Dnevnik
Yahoo
24ur.com
Holderness Gazette
YouTube
Manchester Evening News
