El Museo de la Empatía en Hangzhou: una obra arquitectónica que sabe escuchar
Autor: Ek Soshnikova
En el año 2025, el paseo marítimo del distrito de Xiaoshan en Hangzhou fue testigo de la inauguración de un espacio singular: el Museo de la Empatía, una creación del prestigioso estudio TAOA. La génesis de este proyecto es profundamente atípica, ya que se erigió sobre los cimientos de un aparcamiento inacabado que ya contaba con un garaje subterráneo plenamente construido. Los arquitectos lograron transformar este «fragmento» de una construcción abandonada en un centro cultural de tres plantas, dotándolo de una identidad completamente renovada y funcional que dialoga con su entorno fluvial.
El concepto del diseño se desarrolló bajo la premisa de «adentro hacia afuera», permitiendo que las necesidades funcionales internas dictaran la forma de las fachadas y la estructura global del edificio. El prototipo arquitectónico inicial, un cubo truncado por un cilindro, sirvió como punto de partida para que los autores lo dotaran de un nuevo propósito artístico. Todo el contorno exterior está revestido con paneles curvos de acero inoxidable, cuya rigidez intrínseca permitió prescindir de correas intermedias, creando una superficie continua y casi escultórica. Bajo la luz cambiante del día, el metal centellea y refleja las nubes, el río y el flujo urbano constante, como si la envolvente del edificio sintonizara con el movimiento exterior de la ciudad.
La fachada norte desempeña un papel fundamental gracias a sus paneles perforados, que desde el interior transforman el paisaje urbano en una pintura abstracta y difusa, protegiendo las galerías de la luz directa y de las distracciones externas. El acceso principal se ha resuelto mediante un nicho cóncavo semicircular, una forma que literalmente «succiona» al visitante hacia el interior del recinto. Sobre esta entrada se sitúa una estrecha rendija por la que la luz natural desciende hacia un «cañón espacial» de tres niveles, estableciendo un tono meditativo y sosegado desde los primeros pasos del recorrido por la instalación.
Las galerías subterráneas, esculpidas a partir del antiguo aparcamiento, mantienen un vínculo constante con el cielo a través de aberturas estratégicas en los forjados, lo que evita que el espectador se sienta encerrado incluso bajo el nivel del suelo. Los arquitectos abordaron con éxito el reto principal de los espacios subterráneos: la carencia de iluminación natural y la sensación de aislamiento. Para ello, utilizaron vacíos verticales que atraviesan la totalidad del edificio, permitiendo que la luz del día penetre en las profundidades de la estructura y cree una atmósfera de apertura y conexión permanente con el firmamento.
La denominación «Museo de la Empatía» no responde a una simple táctica publicitaria, sino a una declaración de principios programática de gran calado. Los autores del proyecto están convencidos de que el arte no debe ser un «templo» exclusivo para unos pocos elegidos, sino que debe integrarse de forma natural en la vida cotidiana de las personas. En este espacio no hay lugar para la pomposidad monumental; en su lugar, existe un contacto vibrante y directo entre la urbe, el individuo y la expresión creativa. El edificio no intenta imponerse sobre su entorno con arrogancia, sino que parece escuchar atentamente el pulso y las necesidades de la ciudad.
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Fuentes
designmyhome
archdaily
yankodesign
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