Más allá del borde sudeste del Sol se observó una potente erupción solar. Aunque su intensidad alcanzó M3,3, probablemente fue más fuerte, porque la fuente aún no era visible.
El Sol Revela un Secreto: Una Potente Erupción Oculta Anuncia la Llegada de una Región Activa Gigantesca
Autor: Uliana S.
El 12 de enero de 2026, alrededor de las 00:30 UTC, los detectores orbitales de los satélites GOES registraron un súbito y significativo aumento en la emisión de rayos X proveniente del Sol. Apenas un minuto después, a las 00:31 UTC, el evento alcanzó su punto máximo, siendo clasificado como una llamarada de clase M3.3. Aunque este suceso marcó la primera llamarada de clase M del año, su verdadera importancia trascendió esta clasificación inicial. El origen de esta explosión no se encontraba en la cara del Sol visible desde la Tierra, sino justo detrás de su limbo oriental, en la región oculta de nuestra estrella.
En la imagen, una eyección de masa coronal abandona el Sol tras una poderosa erupción solar, en el borde sudeste del disco.
Este acontecimiento resulta ser tanto infrecuente como altamente informativo. El cuerpo estelar bloqueó la mayor parte de la radiación intensa y el plasma liberado. No obstante, una porción de la energía emanada desde las capas superiores de la corona solar logró rodear el borde del astro y ser captada por nuestros instrumentos. Los astrónomos coinciden en un punto clave: si la radiación atenuada ya se midió como M3.3, es muy probable que la potencia real de la llamarada se sitúe en la máxima clase X. Además, este no fue un incidente aislado; se trata del segundo estallido de gran magnitud en la misma área en un corto período, ya que un evento similar fue registrado el 8 de enero de 2026.
Los datos recopilados hasta el momento pintan un panorama fascinante. Actualmente, un centro de actividad de proporciones gigantescas, el más grande del año, está emergiendo desde detrás del horizonte solar. Este cúmulo de campos magnéticos potentes tiene la capacidad de generar erupciones masivas y eyecciones de masa coronal (CME). La singularidad de esta situación radica en que hemos podido detectar su presencia antes de que se muestre plenamente, como si hubiéramos escuchado el trueno antes de ver la nube de tormenta asomarse tras la montaña.
El procesamiento minucioso de la información obtenida por los telescopios solares espaciales ha permitido elaborar secuencias visuales del evento. Estas muestran intrincados lazos de plasma incandescente, evidencia clara de la reconexión de líneas magnéticas tras la colosal liberación de energía. Afortunadamente, esta llamarada específica no tuvo un impacto directo en nuestro planeta, dado que la eyección principal se dirigió en dirección opuesta a la Tierra.
Sin embargo, la situación está a punto de cambiar. En las próximas 24 a 48 horas, esta región activa será completamente visible desde nuestra perspectiva terrestre. Este lapso ofrece a los científicos una oportunidad de oro para realizar las primeras evaluaciones sobre su potencial y predecir su posible influencia en el clima espacial durante las semanas venideras. Este fenómeno subraya la importancia de las observaciones realizadas sobre lo 'invisible', proporcionando una ventana inestimable para anticipar el comportamiento futuro de nuestra estrella.
La capacidad de detectar y medir estas emisiones indirectas es crucial. Nos permite estar un paso por delante del ciclo solar, preparando sistemas y satélites para posibles perturbaciones. Es como tener un mapa detallado de las corrientes marinas antes de que el barco zarpe, una ventaja estratégica en la exploración del espacio cercano a la Tierra.
