Una potente erupción solar M7.1 desata la primera tormenta geomagnética de 2026

Autor: Uliana S.

La M7.1 flare ocurrió a las 13:51 UTC el December 31, 2025 desde Active Region sunspot 4324.

Mientras el planeta celebraba la llegada del Año Nuevo, el Sol nos recordó su dinamismo. El 31 de diciembre de 2025, en el intervalo entre las 13:12 y las 14:11 UTC, nuestra estrella emitió una significativa llamarada de clase M7.1. Para los habitantes del Lejano Oriente ruso, que recibían el 2026 bajo la zona horaria UTC+10, el momento cumbre de esta erupción solar coincidió prácticamente con los primeros instantes del nuevo año.

M7.1 destello

Este no fue un suceso trivial. La llamarada estuvo acompañada por una eyección de masa coronal (CME), cuya trayectoria dirigió una porción significativa de plasma directamente hacia la Tierra. Los cálculos realizados por los físicos solares indican que este proyectil de plasma impactará la magnetosfera terrestre en cuestión de días, provocando la primera tormenta geomagnética notable del año. Las previsiones apuntan a que el pico de las perturbaciones se registrará durante la noche del 2 al 3 de enero de 2026. Se anticipa un evento de nivel G2 (tormenta moderada), aunque existe una probabilidad cercana al 30% de que esta se intensifique hasta alcanzar la categoría G3, considerada fuerte.

Un modelo de la NASA para la eyección de masa coronaria de la erupción M7.1 en la región activa 4324 indica una colisión tangencial probable el 2 de enero.

La singularidad de este escenario reside en la precisión de la predicción y su sincronización temporal. A diferencia de muchos otros fenómenos del clima espacial, el desarrollo de este evento fue modelado con antelación por los científicos, lo que subraya el progreso constante de la heliofísica moderna. La víspera de Año Nuevo, del 31 de diciembre al 1 de enero, transcurrió con relativa calma, a pesar de la existencia de una activa «corona agujero» en el Sol —una zona caracterizada por un campo magnético abierto—. Solo en latitudes superiores a los 65° (como el norte de Canadá, Escandinavia y el extremo norte de Rusia) se detectaron débiles polarizaciones, las cuales quedaron ocultas por la nubosidad en la mayoría de las regiones.

La esperada tormenta de nivel G2 tiene el potencial no solo de ampliar la visibilidad de las auroras boreales hasta latitudes de 50° a 55° (zonas que incluyen ciudades como Kiev, Vancouver o Berlín), sino también de generar efectos perceptibles en la operatividad de las redes eléctricas, los sistemas de navegación y las comunicaciones satelitales. No obstante, el panorama general para enero de 2026 se mantiene mayormente tranquilo, catalogado como «verde» según los índices de actividad geomagnética. Esto representa un marcado contraste con el inicio del año 2025, cuando las potentes tormentas solares se manifestaron ya en los primeros días de enero.

En resumen, la primera tormenta magnética de 2026 se perfila como un evento astronómico fascinante para los observadores alrededor del globo. Además, constituye una prueba crucial para los modelos de predicción del clima espacial, cuya exactitud es cada vez más vital para la protección de nuestra infraestructura tecnológica. Es fundamental estar atentos a cómo se desarrolla este fenómeno, pues sienta un precedente para el resto del año.

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