Un Vórtice Oceánico Recurrente Frente a Australia Desafía la Ciencia de las Olas
Editado por: Uliana S.
Frente a las costas de Australia se ha documentado un fenómeno natural poco común y que se repite con cierta periodicidad, dejando perplejos a oceanógrafos y expertos en dinámica de oleaje. Este evento, bautizado por el equipo de filmación como el “glitch oceánico”, se manifiesta como un patrón de olas que se arremolina en una espiral ciclónica, llegando a exponer el lecho marino momentáneamente. Tras este suceso, el agua colapsa violentamente hacia arriba, generando una columna de agua que alcanza alturas estimadas de hasta 130 pies, lo que equivale a unos 40 metros.
La recurrencia de este suceso es lo que realmente pone en jaque los modelos científicos actuales, a diferencia de las impredecibles “olas errantes” que suelen ser anomalías aisladas. La más reciente captura de este fenómeno ocurrió en diciembre de 2025, durante el rodaje de la undécima entrega de la serie de películas de bodyboard titulada “Tension”. Chris White, miembro del equipo de producción, se topó por primera vez con esta extrañeza hace casi una década, y su reciente reaparición ha captado la atención del mundo científico. El equipo, incluyendo a Ben Allen, ha decidido mantener en secreto la ubicación exacta de este lugar. Buscan equilibrar el valor documental de sus grabaciones con el peligro evidente que representa esta columna de agua, la cual, según estimaciones de White, es casi con certeza letal si alguien es impactado.
Las consultas realizadas a expertos hasta la fecha no han arrojado una explicación clara sobre el mecanismo subyacente. Un ingeniero de olas consultado no pudo dilucidar cómo una formación rocosa estacionaria podría desencadenar un colapso de olas simultáneo desde todos los ángulos, asemejándose a la acción de un pistón. Por otro lado, Arnold Van Ruyven, especialista en dinámica de olas de la Universidad de Australia Occidental, con 15 años de experiencia en ingeniería costera, sugirió que el efecto probablemente es consecuencia de una “combinación bastante singular de la geomorfología del arrecife y la simetría de la profundidad del agua”. Van Ruyven previamente consideraba que tales anomalías debían ser eventos únicos, lo que convierte la naturaleza repetitiva de este fenómeno en el factor diferenciador clave respecto a olas extremas ya conocidas, como la ola de Draupner, que alcanzó los 26 metros en 1995.
El ámbito académico dedicado a la dinámica de olas, en el estado de la ciencia en 2025, está encontrando dificultades para integrar adecuadamente esta anomalía constante dentro de sus modelos de oleaje vigentes. Esto pone de manifiesto una laguna en la comprensión de cómo la geomorfología local, posiblemente en conjunción con características de las corrientes como la Corriente de Australia Oriental, puede generar eventos extremos tan localizados pero predecibles. La documentación de este evento ofrece un campo de pruebas real y valioso para estudiar el comportamiento extremo del océano. Mientras tanto, otras rarezas, como los vórtices oceánicos dobles observados en el Mar de Tasmania, podrían estar vinculados a dinámicas de corrientes a gran escala. La decisión de no revelar el punto exacto se fundamenta en la necesidad de proteger tanto al equipo como al propio accidente natural hasta que se logre una explicación científica definitiva.
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Fuentes
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The University of Western Australia
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