The Tripod Fish: Quieto a 5,000 m de profundidad
Los cuatro ojos de los primeros vertebrados: el «IMAX» cámbrico de nuestros ancestros
Editado por: Inna Horoshkina One
Un reciente y exhaustivo análisis de los fósiles hallados en los célebres esquistos de Chengjiang, ubicados en la provincia de Yunnan, China, ha revelado un dato sorprendente sobre la evolución sensorial. Según la investigación, algunos de los primeros vertebrados que poblaron la Tierra, conocidos como milocunmínguidos y datados hace aproximadamente 518 millones de años, podrían haber contado con un sistema visual compuesto por cuatro ojos de cámara capaces de formar imágenes nítidas. Este descubrimiento eleva significativamente el listón de la complejidad visual que atribuíamos a nuestros ancestros más remotos en el árbol de la vida.
El estudio fue realizado por un equipo internacional de científicos que incluye a investigadores de la Universidad de Yunnan y la Universidad de Bristol. Tras examinar una serie de muestras, entre las que destaca el espécimen Haikouichthys ercaicunensis, los expertos identificaron que, además del par de ojos laterales de gran tamaño ya conocidos, estos animales poseían dos estructuras medianas más pequeñas. Anteriormente, se creía que estas zonas correspondían a otros órganos, pero el nuevo análisis ha detectado rasgos propios de un sistema visual avanzado: pigmentación, formaciones similares a lentes y detalles tisulares que permiten la formación de imágenes reales, y no una simple sensibilidad a la luz.
Para corroborar estas conclusiones, los autores emplearon métodos químicos y microscópicos de alta precisión que confirmaron la presencia de melanosomas en estos ojos centrales. Estas organelas, encargadas de contener melanina, son del mismo tipo que las halladas en las estructuras vinculadas a la retina de los ojos laterales. Este hallazgo es un argumento científico de gran peso, ya que los melanosomas en este contexto funcionan como marcadores biológicos de un sistema visual activo, encargándose de tareas críticas como la absorción de luz, la protección y la mejora del contraste para procesar información del entorno.
El océano del periodo Cámbrico era un entorno visualmente traicionero, comparable a una selva llena de peligros donde empezaban a proliferar grandes depredadores activos. Para criaturas pequeñas y de cuerpo blando como los milocunmínguidos, contar con una percepción sensorial máxima era una cuestión de vida o muerte. Disponer de un par de ojos adicional no solo ampliaba su campo de visión periférica, sino que mejoraba drásticamente su orientación espacial, una ventaja evolutiva que aumentaba de forma directa sus probabilidades de supervivencia en un mundo hostil.
La línea evolutiva más fascinante de esta investigación vincula estas estructuras medianas con lo que hoy conocemos en los vertebrados modernos como el complejo pineal o glándula pineal, a menudo referida en la cultura popular como el «tercer ojo». La hipótesis plantea que estas estructuras fueron originalmente ojos funcionales capaces de formar imágenes, pero que con el paso de los milenios se internalizaron y cambiaron su función. De ser herramientas de visión directa, pasaron a convertirse en reguladores endocrinos y fotosensibles relacionados con la producción de melatonina y la gestión de los ritmos circadianos del sueño.
Este hallazgo aporta una nueva nota de claridad a la historia biológica de nuestro planeta: la capacidad de ver con nitidez se desarrolló mucho antes de lo que se pensaba. La evolución, desde sus primeras páginas, no se limitó a intentar sobrevivir a ciegas, sino que apostó por una mirada amplia y detallada del mundo. Gracias a este descubrimiento, el antiguo océano cámbrico ya no resuena como un lugar de oscuridad, sino como el escenario donde la visión comenzó a conquistar la Tierra, permitiendo a nuestros antepasados observar su entorno con una sofisticación inesperada.
Fuentes
livescience.com
Discover Magazine
Discover Magazine
China Daily
Discover SWNS
Smithsonian Magazine
