Veinte Kilómetros de Silencio: El Mensaje del Narval al Mundo

Editado por: Inna Horoshkina One

¿Qué sonido es ese? Cómo el ruido submarino perjudica a la fauna ártica

Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista Nature en el año 2025, ha revelado un dato sorprendente: los narvales poseen una capacidad auditiva excepcional, permitiéndoles detectar el ruido generado por embarcaciones a distancias que alcanzan los 20 kilómetros.

Efectos del ruido generado por barcos en el comportamiento de ecolocación de Narwhals en Pond Inlet, Nunavut Canada

Esta cifra representa casi siete veces las estimaciones previas, lo que obliga a replantear completamente nuestra comprensión sobre el impacto real que el tráfico marítimo está teniendo en estos cetáceos árticos.

Los investigadores llevaron a cabo su trabajo de campo en la Bahía de Baffin, ubicada en Nunavut, donde lograron documentar dos reacciones conductuales primarias ante la presencia de ruido submarino:

  • La cesación total de su vocalización.

  • El abandono inmediato del área afectada por la perturbación sonora.

  • Estos hallazgos son contundentes y confirman que la contaminación acústica submarina afecta a los narvales de una manera mucho más profunda y extensa de lo que se había teorizado hasta ahora.

    A raíz de esta nueva evidencia científica, la Coalición de Alta Ambición por un Océano Silencioso, que agrupa a más del 50% de la flota mercante mundial, ha exigido formalmente una revisión de las normativas establecidas por la Organización Marítima Internacional (OMI).

    Simultáneamente, el sector ya está dando pasos iniciales hacia la mitigación. Un ejemplo notable es el buque de carga Nordic Nuluujaak, el cual ha sido certificado como Silent-E, indicando que es un navío específicamente modificado para reducir significativamente su huella acústica bajo el agua.

    Sonido que Resuena en el Ritmo del Planeta

    Este descubrimiento trasciende el ámbito puramente científico; está comenzando a influir en la agenda política global. El Ártico, históricamente considerado un refugio de tranquilidad, está experimentando un auge en la actividad naviera debido al deshielo acelerado.

    El ruido generado por esta actividad se duplicó entre los años 2013 y 2019, convirtiéndose en una amenaza directa para especies que han evolucionado en un entorno prácticamente inaudible. Es como si el silencio ancestral del Ártico estuviera siendo violentado.

    Este acontecimiento impone un nuevo énfasis en la dinámica planetaria: las antiguas regulaciones ya no son suficientes para proteger los ecosistemas oceánicos. El mundo se enfrenta a la obligación ineludible de adoptar tecnologías más silenciosas, o de lo contrario, arriesgarse a perder especies únicas e irremplazables.

    De este imperativo surge una nueva filosofía de gestión ambiental: la resiliencia acústica.

    Las aguas septentrionales han sido, en esencia, un santuario de silencio durante milenios. Cuando los narvales, criaturas adaptadas para percibir su entorno a kilómetros de distancia, comienzan a huir de nuestros sonidos, esto deja de ser un mero dato científico.

    Se convierte en una señal de alarma inequívoca. Es la voz del planeta expresándose a través de aquellos que se comunican mediante la quietud.

    Cuando el propio océano parece suplicar por sosiego, es el momento crucial en que la humanidad debe aprender a escuchar de verdad, prestando atención a los ecos que antes ignorábamos.

    Fuentes

    • The Guardian

    • EnviroLink Network

    • UN Ocean Conference

    • The Guardian

    • IMO

    • OceanCare

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