Las tortugas gigantes regresan a la isla de Galápagos 180 años después de que sus parientes se extinguieran (Galápagos)
El regreso de los guardianes: las tortugas gigantes vuelven a Floreana tras 180 años de ausencia
Editado por: Inna Horoshkina One
En febrero de 2026, la isla Floreana, situada en el archipiélago de las Galápagos, fue el escenario de un acontecimiento que ya se considera histórico: por primera vez en más de 180 años, las tortugas gigantes han regresado a su territorio de origen.
La Dirección del Parque Nacional Galápagos coordinó la liberación de 158 ejemplares jóvenes, cuyas edades se encuentran entre los 8 y los 13 años. Estos individuos representan el éxito de un sofisticado programa de recuperación genética.
El objetivo central de esta iniciativa es restaurar la subespecie Chelonoidis niger niger, que se creía desaparecida. Este esfuerzo no es simplemente una reintroducción, sino la recuperación de un eslabón perdido en la naturaleza.
El regreso de estos quelonios marca un hito en la restauración de la biodiversidad local. El ambicioso proyecto ha sido posible gracias a una serie de etapas fundamentales ejecutadas con precisión científica.
Entre los pilares que permitieron este logro se encuentran:
- La erradicación de especies invasoras, incluyendo ratas, gatos y cerdos, un proceso que comenzó en el año 2023.
- Investigaciones genéticas de alta complejidad que se iniciaron originalmente en 2008.
- Un programa de retrocruzamiento selectivo que fue puesto en marcha en el año 2017.
- El uso de datos satelitales del programa Earth Observations de la NASA para identificar los sitios de liberación más óptimos en la isla.
Las tortugas fueron criadas y protegidas en el centro de reproducción de la isla Santa Cruz. Este proceso fue posible tras el hallazgo de ejemplares híbridos en el volcán Wolf, en la isla Isabela.
Dichos ejemplares poseían una estrecha afinidad genética con la línea que se consideraba extinta. Gracias a este descubrimiento, se pudo iniciar el proceso de recuperación de la especie.
Para el año 2025, el programa de cría ya había registrado el nacimiento de más de 600 ejemplares. De este grupo, varios cientos alcanzaron el tamaño necesario para garantizar su supervivencia en el medio silvestre.
Las tortugas gigantes son mucho más que simples habitantes del archipiélago; los biólogos las definen como auténticas ingenieras de ecosistemas por su capacidad de transformación.
Su presencia en la isla Floreana desempeña funciones ecológicas vitales para el entorno:
- Facilitan la dispersión de semillas a través de grandes extensiones de terreno.
- Crean senderos naturales al desplazarse por la vegetación más densa.
- Regulan el crecimiento de la cobertura vegetal de manera equilibrada.
- Ayudan a mantener el balance hídrico esencial de los suelos de la isla.
La ausencia de estos gigantes durante casi dos siglos alteró de forma drástica el paisaje de Floreana. Sin embargo, su retorno está activando un proceso de restauración natural que ya muestra resultados.
Actualmente, se está registrando un aumento en las poblaciones de especies nativas, como el pachay de las Galápagos (Laterallus spilonota), que se beneficia de los cambios en el hábitat generados por las tortugas.
Este proyecto es coordinado por el Ministerio del Ambiente de Ecuador. En él participan activamente unos 160 residentes locales, junto con organizaciones internacionales como el Galapagos Conservation Trust.
Este logro es el resultado de más de dos décadas de trabajo científico, tecnológico y social. Representa un esfuerzo conjunto por devolverle a la naturaleza lo que le fue arrebatado.
La isla Floreana se convierte así en un modelo internacional de restauración ecológica. Demuestra que es posible sanar un ecosistema recuperando sus ritmos biológicos naturales en lugar de intentar controlarlos.
¿Qué aporta este suceso a la armonía de nuestro planeta? Fundamentalmente, introduce en el campo global de la Tierra una frecuencia de retorno y sanación.
No se trata de crear algo artificialmente nuevo, sino de restaurar con paciencia y rigor científico aquello que se consideraba perdido para siempre.
Este acontecimiento nos recuerda que la tecnología y la ciencia pueden ser herramientas poderosas para el cuidado y la preservación, y no solo para la expansión humana.
Es una prueba fehaciente de que, incluso después de 180 años, los procesos naturales pueden reiniciarse si el ser humano elige la colaboración sobre la dominación.
Aunque el caminar de las tortugas es pausado, cada uno de sus pasos representa un avance de todo el ecosistema hacia el equilibrio. En la sinfonía de la naturaleza, ha comenzado a sonar una nota de restauración y esperanza.
Fuentes
BBC
Galápagos Conservancy
Galapagos Conservation Trust
GoGalapagos
NASA
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