El gobierno de Nueva Zelanda está impulsando una estrategia económica proactiva para atraer talento calificado e inversores internacionales, con una reforma fiscal clave centrada en el Fondo de Inversión Extranjera (FIF).
La propuesta busca aliviar la carga fiscal sobre las ganancias de capital no realizadas, un obstáculo que ha disuadido a muchos de establecerse en el país. Las normativas actuales gravan anualmente las ganancias no materializadas, lo que genera una carga fiscal y potencial doble imposición para los inversores, especialmente aquellos con activos ilíquidos. Para solucionar esto, se propone un "método de cuenta de ingresos" que gravará solo los dividendos recibidos y el 70% de las ganancias de capital realizadas sobre inversiones adquiridas antes de convertirse en residente fiscal neozelandés.
El Ministro de Ingresos, Simon Watts, señaló que las reglas del FIF actual son un disuasivo significativo para migrantes y neozelandeses que regresan, particularmente en los sectores tecnológico y de startups. "Queremos actuar rápidamente para eliminar las barreras que enfrentan los migrantes altamente calificados para permanecer en Nueva Zelanda e invertir en el crecimiento de nuestra economía", afirmó Watts. La reforma se alinea con el objetivo gubernamental de "Ir por el Crecimiento", buscando un entorno económico más competitivo y acogedor.
Se espera que las reformas se incluyan en un proyecto de ley fiscal en agosto de 2025, con la legislación prevista para ser aprobada en marzo de 2026 tras un proceso de consulta pública. Expertos como Robyn Walker, socia fiscal de Deloitte, consideran el método de cuenta de ingresos propuesto como práctico y equitativo, ya que permite a los contribuyentes pagar impuestos solo cuando las ganancias se materializan, aliviando problemas de flujo de efectivo y doble imposición.
La Unión de Contribuyentes, si bien reconoce la necesidad de cambios, considera que las reformas propuestas son insuficientes y aboga por la eliminación total de las reglas del FIF para nuevos residentes fiscales para una mayor competitividad internacional. A pesar de estas críticas, la dirección general de la reforma es vista como un paso positivo para mejorar la competitividad de Nueva Zelanda y atraer la inversión y el talento necesarios para su prosperidad futura.