Iniciativas de la ONU para cerrar la brecha digital en IA: entre las declaraciones y el poder real

Editado por: Alex Khohlov

La paradoja de la era tecnológica actual es tan sencilla como implacable: a medida que la inteligencia artificial se vuelve más potente, más rápido se transforma en un privilegio exclusivo para quienes ya controlan los datos, la energía y la capacidad de procesamiento. Con fecha de 21 de abril de 2026, la ONU presentó un conjunto de nuevas iniciativas destinadas a cerrar la brecha digital en el ámbito de la IA, en un intento por evitar que una tecnología capaz de resolver desafíos globales termine, por el contrario, consolidando una desigualdad aún más profunda.

Los antecedentes de esta cuestión se remontan a 1995, año en que la NTIA estadounidense acuñó por primera vez el término «brecha digital». La ONU adoptó esta temática durante la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información de 2003 en Ginebra y la de 2005 en Túnez, donde se establecieron los principios de la gobernanza multilateral de la red y se fundó el Foro para la Gobernanza de Internet (IGF). Posteriormente, la prioridad se trasladó a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2015, concretamente al Objetivo 9. Tras la irrupción de la IA generativa entre 2022 y 2023, la organización respondió con la creación del Órgano Consultivo de Alto Nivel sobre IA, cuyo informe de 2024 y el posterior Pacto Digital Global de 2025 sentaron las bases de los programas prácticos de 2026.

El paquete de iniciativas actual contempla el lanzamiento del Fondo Global de IA para el Desarrollo con un objetivo de 8.000 millones de dólares, la creación de centros regionales de competencia en África, Asia y América Latina bajo el auspicio de la UIT y la UNESCO, y el programa «AI Skills for All», que aspira a formar a un millón de especialistas de países en desarrollo para 2030. Según las cifras oficiales de la ONU, durante el último año se han puesto en marcha 47 proyectos piloto dedicados a la aplicación de la IA en la agricultura y la sanidad. No obstante, diversos observadores independientes advierten que la metodología para evaluar los resultados sigue siendo opaca y podría estar sesgada hacia los intereses de los grandes donantes.

Bajo la retórica oficial subyace una compleja red de intereses contrapuestos. Estados Unidos y la Unión Europea buscan consolidar los estándares éticos occidentales como normas globales para preservar su liderazgo tecnológico. Por su parte, China ofrece activamente hardware y modelos a precios asequibles, expandiendo su influencia a través de la infraestructura. Gigantes corporativos como Microsoft y Google se presentan como aliados estratégicos, aunque algunos analistas sugieren que su participación les facilita la recopilación de datos del Sur Global para el entrenamiento de sus propios modelos. Mientras tanto, las naciones en desarrollo exigen soberanía sobre sus conjuntos de datos, pero a menudo carecen de los mecanismos necesarios para ejercer un control real. Además, la posible manipulación informativa se manifiesta en una presentación selectiva de las estadísticas, que hace que el progreso parezca mucho más sólido de lo que es en realidad.

El análisis estratégico permite identificar cuatro escenarios realistas de evolución hasta el año 2035.

El primero es el de «Éxito Multilateral»: la ONU logra desarrollar modelos multimodales abiertos, adaptados a lenguas y necesidades locales; los beneficiarios serían las pequeñas y medianas economías de África y Asia, con una conferencia conjunta en 2028 como catalizador, y la resistencia de las empresas que protegen su propiedad intelectual como principal obstáculo.

El segundo se denomina «Fragmentación Geopolítica»: la rivalidad entre EE. UU., China y la UE fragmenta el sector en tres ecosistemas de IA paralelos, quedando la ONU relegada a un papel meramente humanitario; los beneficiarios exclusivos serían las grandes potencias y sus aliados más cercanos.

El tercero, el «Salto Tecnológico», plantea un avance en modelos eficientes capaces de funcionar en smartphones convencionales con un consumo mínimo de energía, superando así las barreras de infraestructura; las comunidades rurales y las startups locales de India, Brasil y Kenia serían los principales ganadores. El cuarto, el «Estancamiento Burocrático», describe un futuro donde las iniciativas se pierden en procesos administrativos, la brecha digital se ensancha y los beneficios de la IA se concentran en el 15-20 % de las economías más avanzadas, incrementando el riesgo de inestabilidad global.

La tesis central de todo el análisis reside en una idea fundamental: el papel histórico de la ONU como foro para la prevención de conflictos se pone a prueba ahora en su capacidad para seguir el ritmo de los cambios tecnológicos, y no solo para documentar sus consecuencias.

La verdadera reducción de la brecha digital solo comenzará cuando, en lugar de redactar nuevas resoluciones, las naciones empiecen a invertir masivamente en educación, suministro eléctrico y modelos de IA abiertos aplicados directamente sobre el terreno.

4 Vues

Fuentes

  • Tackling the AI digital divide

¿Encontró un error o inexactitud?Consideraremos sus comentarios lo antes posible.