Misterio resuelto: El sistema secreto de navegación que usan los murciélagos para volar en la oscuridad ha sido finalmente descubierto.
La música nos recuerda: cómo el cuerpo humano navega el mundo a través del flujo sonoro
Autor: Inna Horoshkina One
Una investigación reciente ha revelado un cambio de paradigma en nuestra comprensión de la percepción biológica: los sistemas vivos poseen la capacidad de orientarse en el espacio no mediante la identificación de objetos aislados, sino a través de un flujo sonoro continuo. Este hallazgo, fundamentado en el comportamiento de los murciélagos, ofrece una nueva perspectiva sobre cómo el cuerpo humano procesa el sonido, la música y las vibraciones, tratándolos no como mensajes simbólicos, sino como información ambiental directa que dicta nuestro estado y navegación.
En enero de 2026, la prestigiosa revista Proceedings of the Royal Society B publicó un estudio que desafía las creencias previas sobre la ecolocalización. Los científicos demostraron que los murciélagos no dependen exclusivamente de ecos individuales para trazar su ruta, sino que utilizan lo que se denomina flujo acústico (acoustic flow). Este fenómeno consiste en la alteración constante del campo sonoro que se produce mientras el animal se desplaza por su entorno.
Este mecanismo es el equivalente auditivo del flujo óptico que experimentamos los seres humanos, aquel que nos permite calcular nuestra velocidad y dirección basándonos en cómo se mueve la escena visual ante nuestros ojos. Las pruebas experimentales confirmaron esta teoría mediante los siguientes resultados:
- Al intensificar artificialmente el flujo acústico, los animales reducían su velocidad de vuelo.
- Al debilitarse dicho flujo, los murciélagos aceleraban su marcha de forma inmediata.
- Las decisiones de navegación se tomaban de forma instintiva, sin necesidad de reconocer objetos específicos en su camino.
Las implicaciones de este descubrimiento, reseñado por medios como Tech Explorist y Phys.org en enero de 2026, trascienden la zoología para adentrarse en la ciencia cognitiva. El estudio apunta a un principio general de percepción basado en el flujo (flow-based perception) y el procesamiento sensorial incorporado (embodied sensory processing). Se trata de información sensorial continua que no requiere ser decodificada en símbolos ni interpretada intelectualmente, ya que impacta directamente en la acción y el estado físico del organismo.
Para comprender la magnitud de este hallazgo, es fundamental distinguir entre dos tipos de información sonora que procesamos. Por un lado, existe la información discreta, que incluye el habla, las señales, los códigos y las notas musicales individuales. Este tipo de datos exige un análisis cognitivo, una interpretación cerebral compleja y una decodificación simbólica.
Por otro lado, encontramos la información de flujo o corporal, que se manifiesta a través de:
- El ritmo y el timbre.
- La vibración y la intensidad.
- La evolución constante del campo sonoro en el tiempo.
Esta información de flujo no comunica un mensaje que deba ser entendido; en su lugar, sintoniza el cuerpo con su entorno. Es precisamente con este tipo de información con la que trabaja el flujo acústico, actuando como una guía sensorial directa para el organismo.
El cuerpo humano opera bajo estos mismos principios de flujo. Nuestro sistema nervioso integra constantemente el ritmo y captura las vibraciones ambientales mucho antes de que intervengan el lenguaje o el pensamiento consciente. Datos provenientes de la neuroimagenología muestran cómo la música altera la topología de las redes emocionales del cerebro, mientras que estudios sobre el nervio vago y la neurorrítmica confirman que nuestra biología reacciona a la densidad y el timbre del sonido de manera visceral.
Bajo esta óptica, la música deja de ser simplemente una expresión estética o emocional para convertirse en un flujo acústico estructurado en el que el cuerpo puede integrarse. El ritmo actúa como un vector de movimiento, el timbre define la densidad del campo y las pausas alteran la dirección de nuestra atención. El ser humano se orienta dentro de este flujo musical de la misma manera que un murciélago navega en su entorno sonoro, buscando una coherencia sensorial.
Esa sensación de "regreso a uno mismo" o los escalofríos que sentimos ante una melodía ocurren cuando el flujo acústico coincide con nuestro estado interno. Desde el punto de vista científico, este estado se describe como un momento de coherencia sensorial donde se reduce el conflicto interno de señales y se restaura la orientación corporal plena. Es un instante de claridad donde el sonido deja de ser un objeto externo para convertirse en el espacio que habitamos.
Este cambio de visión transforma nuestra relación con el arte sonoro. La música ya no es un producto de consumo, un entretenimiento o un simple fondo ambiental; se revela como un sistema de navegación esencial y una forma de memoria corporal. Es una herramienta para recuperar la orientación en un mundo complejo, permitiendo que el movimiento ocurra sin esquemas previos y el entendimiento surja sin necesidad de traducción.
En última instancia, la música no nos conduce a un lugar lejano, sino que nos devuelve al presente absoluto y al sentimiento de presencia. Como bien señaló Pitágoras al afirmar que "hay geometría en el sonido", el orden acústico nos permite dejar de percibir el mundo como un caos. La música nos recuerda quiénes somos en el momento exacto en que dejamos de escucharla como un objeto y empezamos a vivir dentro de su ritmo, reconociéndonos como sistemas vivos y sintientes.
Fuentes
“Acoustic flow velocity manipulations affect the flight velocity of free-ranging pipistrelle bats”
“Emotion brain network topology in healthy subjects following passive listening to different auditory stimuli”
Подтверждающий научный анонс от исследовательского университета (с деталями метода/интерпретацией, 2026) University of Bristol – news release