Video Now: Listen to 1949 whale song discovered in Woods Hole archives
El océano nos envía una carta musical desde 1949: el redescubrimiento de los cantos ancestrales
Autor: Inna Horoshkina One
En febrero de 2026, un equipo de científicos de la Woods Hole Oceanographic Institution dio a conocer un hallazgo que posee una resonancia casi poética: la localización y digitalización de grabaciones de audio de vocalizaciones de ballenas realizadas originalmente en 1949, rescatadas de las profundidades de los archivos institucionales.
Estos registros constituyen las documentaciones más antiguas de las que se tiene constancia sobre los complejos "cantos" de los cetáceos, representando un hito histórico sin precedentes para la biología marina y el estudio de la acústica oceánica global.
Sin embargo, la trascendencia de este suceso no radica únicamente en la antigüedad de la fecha grabada en las cintas, sino en lo que estos sonidos representan para la ciencia moderna y nuestra comprensión del medio marino.
El año 1949 marcó una era de intensas investigaciones en la posguerra, un periodo en el que el océano era percibido y estudiado fundamentalmente como un espacio estratégico de importancia militar. En aquel contexto, los hidrófonos se instalaban con propósitos de navegación, tareas de defensa y el análisis de la acústica submarina para detectar posibles amenazas o naves sumergidas.
Entre el mar de señales técnicas y ruidos de maquinaria bélica, quedaron atrapados de forma fortuita fragmentos de vida pura: las voces de las ballenas, capturadas mucho antes de que la sociedad global tomara conciencia de la escala del impacto antropogénico sobre los ecosistemas marinos.
Durante casi 80 años, estas valiosas grabaciones permanecieron almacenadas simplemente como material de archivo técnico y administrativo. Ha sido ahora cuando la tecnología de procesamiento de audio de última generación ha permitido volver a escucharlas, analizarlas con rigor científico e identificar con precisión a las especies que las emitieron en aquel entonces.
En la actualidad, la bioacústica se ha erigido como una disciplina científica independiente y vital. Gracias a ella, los investigadores miden el estruendo provocado por el tráfico marítimo, monitorizan las rutas de migración y estudian cómo el cambio climático está alterando drásticamente el entorno sonoro de las profundidades abisales.
No obstante, la grabación de 1949 se presenta como un punto de referencia inestimable, actuando como un "fotograma cero" acústico que nos permite observar el estado original del mar antes de la gran aceleración industrial.
Este material permite a los expertos realizar comparaciones directas sobre factores cruciales para la supervivencia de las especies marinas:
- Determinar si la estructura fundamental de las vocalizaciones de las ballenas ha experimentado cambios evolutivos o adaptativos a lo largo de las últimas décadas.
- Analizar si las frecuencias de comunicación se han desplazado para intentar superar el ruido ambiental generado por la actividad humana.
- Evaluar cómo se ha transformado el paisaje sonoro del océano tras más de siete decenios de industrialización global acelerada.
El océano no solo preserva la memoria de la Tierra en sus estratos sedimentarios y geológicos, sino también en las ondas sonoras que han viajado por sus aguas durante milenios, guardando secretos de épocas pasadas.
La relevancia de este archivo es crítica hoy en día, dado que el nivel de ruido submarino ha aumentado de forma alarmante debido a la expansión del transporte marítimo, la extracción de recursos naturales, el uso de sistemas militares y las prospecciones sísmicas. Para las ballenas, el sonido no es solo ruido de fondo; es su herramienta esencial para la navegación, la comunicación social y la localización de alimento.
El archivo recuperado de 1949 ofrece a los científicos una oportunidad única de percibir cómo sonaba el entorno marino antes de la fase de globalización oceánica más intensa. No es simplemente un descubrimiento de carácter histórico, sino un instrumento científico de vanguardia para las investigaciones del futuro.
Este evento ha añadido una nueva capa de profundidad al entendimiento del sonido de nuestro planeta. Estamos acostumbrados a mirar constantemente hacia el horizonte, enfocándonos en predicciones climáticas, modelos estadísticos y escenarios futuros, pero el océano nos ha recordado que para comprender el mañana, es indispensable escuchar con atención el pasado.
La grabación de 1949 no es un archivo obsoleto del siglo pasado; es un testimonio de que el planeta ya poseía una voz propia mucho antes de nuestra intervención masiva. Quizás la pregunta fundamental que nos plantea este hallazgo no sea cómo podemos seguir alterando el océano, sino cómo podemos establecer un diálogo con él que sea, ante todo, respetuoso, honesto y protector.
