Relojes Atómicos y la Constante Cósmica: Una Nueva Medición de la Velocidad de la Luz a Través de la Emisión de Hidrógeno

Editado por: Svetlana Velgush

La ciencia contemporánea ha marcado un hito significativo en el campo de la metrología, empleando la precisión inigualable de los relojes atómicos para la calibración de constantes físicas fundamentales. Investigaciones recientes se han centrado en la medición de la velocidad de la luz dentro de un espectro muy específico, ligado a la emisión de hidrógeno frío en la longitud de onda de 21 centímetros. Este enfoque metodológico no solo permite fijar con exactitud la velocidad de la luz, sino que también facilita una comprensión más profunda de los mecanismos que rigen la expansión del Universo y la intensidad de la interacción electromagnética, caracterizada por la constante de estructura fina (denominada alfa).

El núcleo del experimento radica en el análisis meticuloso de la radiación que se genera durante la transición entre dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de hidrógeno. Esta transición, conocida universalmente como la línea de 21 cm, constituye la piedra angular de la radioastronomía. Su relevancia se debe a que el hidrógeno neutro representa una proporción sustancial de la materia interestelar, estimándose que conforma aproximadamente el 80% de todo el hidrógeno presente en las galaxias. La frecuencia asociada a esta emisión es de alrededor de 1420 megahercios (o 1,42 GHz). Los científicos buscan determinar con una exactitud sin precedentes el valor de la constante de estructura fina, una magnitud adimensional que define la potencia de la interacción electromagnética.

Cualquier mínima fluctuación de esta constante en el tiempo o en el espacio podría obligar a una revisión profunda de los modelos cosmológicos establecidos. La investigación sobre la constancia de alfa es vital, ya que pone a prueba la hipótesis fundamental de que las leyes de la física han permanecido inmutables a lo largo de miles de millones de años. Los datos científicos disponibles, obtenidos, por ejemplo, mediante el análisis de la luz procedente de cuásares distantes—que abarca hasta 13 mil millones de años—, junto con estudios que demuestran la ausencia de variaciones durante los últimos tres mil millones de años con una precisión de hasta una millonésima parte, respaldan su estabilidad. La idea de una posible variabilidad de las constantes fundamentales, que intrigó a físicos de la talla de Landau y Gamov, abre la puerta a observar cómo evolucionaron las fuerzas electromagnéticas en los albores del tiempo.

La elección de la línea de 21 cm se justifica por su ubicuidad cósmica. Aunque la transición espontánea en un átomo individual es extraordinariamente infrecuente —ocurriendo, en promedio, una vez cada 11 millones de años—, la inmensa cantidad de átomos presentes en las nubes cósmicas garantiza una intensidad de emisión suficiente para ser detectada a distancias colosales. La implementación de relojes atómicos proporciona la pureza metrológica indispensable para eliminar los errores instrumentales que podrían haber distorsionado mediciones previas. Estas mediciones de alta fidelidad actúan como un barómetro que refleja la armonía intrínseca del tejido de la realidad. Esta búsqueda incansable de precisión en la medición de la velocidad de la luz y de la constante de estructura fina representa un acto de responsabilidad hacia el conocimiento, permitiendo forjar una visión más clara y nítida de la evolución universal.

Fuentes

  • הידען

  • ScienceDaily

  • Nature

  • Scientific American

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