La Magnetosfera Terrestre: Un Canal Inesperado que Dirige Partículas Hacia la Luna, Revela Estudio de Rochester

Editado por: Uliana S.

Durante miles de millones de años, pequeñas cantidades de partículas de la atmósfera terrestre han sido transportadas a la superficie de la Luna por la interacción del viento solar con el campo magnético de la Tierra.

Un reciente estudio llevado a cabo por físicos de la Universidad de Rochester ha arrojado luz sobre un aspecto previamente subestimado de la interacción entre la Tierra y la Luna. Los hallazgos, publicados en la prestigiosa revista Communications Earth & Environment, sugieren que el campo magnético terrestre no solo actúa como un escudo protector, sino también como una especie de conducto. Este mecanismo, según la investigación, ha estado canalizando partículas ionizadas desde la atmósfera terrestre hacia la superficie lunar a lo largo de vastas épocas geológicas.

La clave para desentrañar este fenómeno se encontró en el análisis de anomalías detectadas en las muestras de regolito lunar recolectadas durante las misiones Apolo. Estas muestras contenían volátiles como agua, dióxido de carbono, nitrógeno y helio. En particular, la presencia de nitrógeno con una firma isotópica idéntica a la de la atmósfera terrestre había sido un enigma persistente, conocido como el «misterio del nitrógeno lunar». Para abordar esta cuestión, el profesor Eric Blackman, de la Universidad de Rochester, recurrió a la modelización magnetohidrodinámica (MHD) tridimensional.

El equipo de Blackman empleó simulaciones MHD para contrastar dos escenarios: la Tierra primitiva sin un campo magnético robusto y las condiciones actuales. Las simulaciones revelaron un patrón claro. El viento solar es capaz de arrancar iones de las capas superiores de la atmósfera terrestre. Posteriormente, las líneas del campo magnético terrestre guían estas partículas hacia la magnetosfera de cola, una región que la Luna captura inevitablemente durante su recorrido orbital. Para validar estas ideas, los investigadores utilizaron simulaciones MHD tridimensionales de alta fidelidad basadas en el código AstroBEAR.

Los resultados obtenidos respaldan de manera concluyente el escenario de la Tierra moderna, donde el campo magnético juega un papel activo como estructura de direccionamiento. Una vez que estos iones son arrastrados por lo que se podría denominar un «viento terrestre», quedan implantados en el regolito lunar. Este proceso de implantación ocurre a profundidades superficiales, aproximadamente entre 100 y 500 nanómetros, asegurando así su preservación a largo plazo. Este flujo constante durante miles de millones de años implica que el regolito lunar funciona como un archivo químico de la evolución atmosférica, climática y oceánica de nuestro propio planeta.

El profesor Blackman, quien también es científico principal en el Laboratorio de Energía de Láser de la Universidad de Rochester, enfatizó la importancia de fusionar los datos del suelo lunar con el modelado computacional. Este enfoque combinado permite trazar una historia más precisa de la atmósfera terrestre. Además, la confirmación de que volátiles esenciales, como el nitrógeno y el agua, han sido transportados tiene implicaciones prácticas significativas para la planificación de futuras bases lunares.

Si se confirma que el regolito contiene reservas considerables de estos recursos terrestres, se podría reducir drásticamente la carga logística asociada con el mantenimiento de una presencia humana sostenida en la Luna. Esto abre la puerta a nuevas estrategias de utilización de recursos in situ, facilitando la extracción de gases vitales para el soporte vital y la infraestructura lunar. En esencia, la Luna podría estar guardando un tesoro de datos y materiales de nuestro propio pasado planetario.

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Fuentes

  • Почта@Mail.ru

  • The Watchers News

  • Universe Space Tech

  • Nature Communications Earth and Environment

  • sciencesprings

  • NASA

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