Las espectaculares observaciones de MBARI en las profundidades en 2025 — en 4K impresionante
Vecinos Planetarios: Quién Habita Donde la Luz No Llega
Autor: Inna Horoshkina One
El 18 de diciembre de 2025, el Instituto de Oceanografía de la Bahía de Monterrey (MBARI) compartió su compilación anual de videos destacados: una selección de encuentros con la fauna de las zonas abisales, capturados en resolución 4K. Lo que se mostró era aquello que rara vez cruza el umbral de la visión humana: peces de negrura extrema, sifonóforos que se desplazan como seda líquida, crustáceos observadores, esponjas “espectaculares” y otros seres de las profundidades. Aunque parece material cinematográfico, en realidad constituye una documentación científica vital, una ventana poco común para observar el espacio vital más grande de la Tierra no como un concepto abstracto, sino como un sistema vibrante.
Estos impresionantes registros tienen un propósito fundamental: restaurar la noción de escala. El océano profundo no es un mero telón de fondo ni un vacío inerte; es un entorno dinámico y vasto. Cada observación registrada contribuye a la comprensión de cómo nuestro planeta está evolucionando. MBARI insiste en que estos hallazgos trascienden la mera estética; son datos cruciales. Cuantas más observaciones precisas obtengamos, mejor podremos catalogar la biodiversidad y, con mayor certeza, construir modelos predictivos para ecosistemas que hasta hace poco considerábamos inalcanzables.
La alta resolución (4K) no es un adorno visual; es un cambio de paradigma en la observación. En el entorno de las profundidades marinas, el 4K transforma lo que es imperceptible en algo medible: permite distinguir la delicadeza de los tejidos, perfilar contornos, apreciar texturas y capturar micro-movimientos. Mientras que los sistemas HD convencionales a menudo producían imágenes granuladas o borrosas, el 4K facilita la identificación de características esenciales para clasificar especies y entender su comportamiento. Por ello, MBARI desarrolla activamente sistemas de visualización personalizados, como el MxD SeaCam, diseñado en colaboración con DeepSea Power & Light e instalado en vehículos operados remotamente (ROV), como el ROV Doc Ricketts. La lógica ingenieril es clara: si la profundidad es un medio definido por presión extrema y oscuridad absoluta, las “cámaras” que la exploran deben estar diseñadas específicamente para esas condiciones.
MBARI, un centro de investigación sin fines de lucro fundado en 1987 por David Packard y con sede en Moss Landing, California, goza de una ventaja estratégica inestimable: su proximidad al Cañón de Monterey. Este cañón submarino es uno de los más profundos en la plataforma continental de Estados Unidos, alcanzando cotas cercanas a los 4000 metros. Esta “geografía cercana” permite llevar a cabo series de monitoreo a largo plazo, sustituyendo expediciones aisladas por una presencia constante en las profundidades. Además, el respaldo financiero del Fondo David y Lucille Packard posibilita el mantenimiento de proyectos extensos, aquellos que miden las transformaciones a lo largo del tiempo y no solo en un instante puntual.
La ingeniería de MBARI abarca más que un solo robot; constituye un ecosistema completo de plataformas de exploración. Esto incluye ROV, vehículos submarinos autónomos (AUV) como el MOLA AUV, pequeños MiniROV, y proyectos especializados como Piscivore, donde robots autónomos compactos ayudan a obtener imágenes de depredadores marinos escurridizos. El principio rector de MBARI es que la ciencia, la ingeniería y las operaciones marítimas no son meros soportes mutuos, sino socios en igualdad de condiciones. Es esta sinergia la que permite transformar la profundidad, antes una “caja negra”, en un espacio sujeto a mediciones sistemáticas.
Las ecosistemas de aguas profundas están intrínsecamente vinculados a los ciclos globales, incluyendo el intercambio de carbono y los patrones climáticos. Sin embargo, nuestro mapa biológico de estas zonas aún está rezagado respecto a los mapas químicos y físicos del océano. Por ende, cada registro preciso no es solo una “fotografía”, sino una pieza fundamental para comprender cómo prospera la vida en entornos extremos y qué papel desempeña en la resiliencia oceánica. Una catalogación más exhaustiva de la biodiversidad puede influir directamente en la gestión de recursos y en las políticas de conservación: es imposible proteger aquello que no podemos observar ni describir adecuadamente.
Aquí es donde la ciencia se fusiona con la cultura. Somos numerosos —en especies, formas, niveles de luz y oscuridad, frecuencias y silencios—, pero el océano es uno solo. Cuando la tecnología nos permite observar con delicadeza lo invisible, dejamos de ser meros “dueños” para convertirnos en testigos. La calidad 4K, en este contexto, no se trata de espectacularidad, sino de responsabilidad: cuanto más agudo es el enfoque, más honesta se vuelve nuestra comunicación con el planeta. Y este diálogo está redefiniendo su tono: pasando del afán de control a la atención plena; del temor al abismo al reconocimiento; y de la sensación de “estar separados” a la conciencia de “estar inmersos en un mismo sistema”.
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