Situada en la galaxia enana ultra-débil de Pictor II, PicII-503 contiene una cantidad extremadamente baja de hierro, lo que la convierte en una de las estrellas químicamente más primitivas fuera de la Vía Láctea.
Un equipo de astrónomos ha logrado confirmar y profundizar en el estudio de PicII-503, una estrella de segunda generación excepcionalmente rara. Este objeto celeste, descrito por los investigadores como un auténtico «fósil cósmico», ofrece información crucial sobre los procesos que marcaron el fin de las estrellas de Población III, las primeras que existieron en el universo tras el Big Bang. La investigación se centró en una caracterización espectroscópica detallada de este astro, situado en la galaxia enana ultra tenue Pictor II, a una distancia aproximada de entre 149.000 y 150.000 años luz de la Tierra, dentro de la constelación de Pictor.
La identificación de PicII-503 fue posible gracias al análisis de datos recopilados por el proyecto MAGIC (Mapping the Ancient Galaxy in CaHK). Este ambicioso programa de cartografía de galaxias antiguas utilizó la Cámara de Energía Oscura (DECam), un instrumento de 570 megapíxeles instalado en el telescopio de 4 metros Victor M. Blanco. Dicha instalación se encuentra en el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo (CTIO) en Chile, el cual forma parte de NOIRLab de la NSF. La tecnología avanzada de la DECam permite capturar imágenes de alta resolución en un campo de visión de 3 grados cuadrados, facilitando el hallazgo de objetos tan antiguos y tenues.
PicII-503 destaca por ser el primer ejemplo confirmado de una estrella de Población II hallado en una galaxia enana de este tipo, conservando en su estructura la huella química de los primeros astros. Estas estrellas de segunda generación se formaron a partir del material expulsado por las explosiones de las estrellas de Población III, las cuales estaban compuestas casi exclusivamente de hidrógeno y helio. PicII-503 presenta una metalicidad extremadamente baja; su contenido de hierro es apenas 1/40.000 del solar, lo que la convierte en la estrella más pobre en hierro detectada fuera de la Vía Láctea hasta la fecha.
Además de su escasez de hierro, los análisis revelaron que su nivel de calcio es de solo 1/160.000 respecto al Sol. Esta carencia contrasta significativamente con una concentración de carbono inusualmente alta, superando la proporción solar entre carbono y hierro en más de 1.500 veces. Esta composición química tan específica es lo que permite a los científicos clasificarla como una pieza fundamental para entender la arqueología galáctica y los eventos de nucleosíntesis que ocurrieron en los albores del tiempo cósmico.
El estudio fue liderado por el Dr. Anirudh Chiti, becario Brinson de la Universidad de Stanford y especialista en arqueología galáctica. Junto a su equipo, Chiti integró los datos del proyecto MAGIC con observaciones adicionales realizadas en el Very Large Telescope (VLT) y el Telescopio Magallanes para precisar los bajos niveles de metales en PicII-503. El hallazgo de esta reliquia en una galaxia enana ultra tenue refuerza la hipótesis de que estas estructuras pequeñas y aisladas actúan como depósitos fundamentales para preservar los restos estelares más antiguos del cosmos sin la contaminación de procesos estelares posteriores.
Los resultados obtenidos respaldan la teoría de que las primeras estrellas pudieron explotar como supernovas de energía relativamente baja. En este escenario, los elementos más pesados, como el hierro, habrían vuelto a caer en el objeto colapsado debido a la gravedad, mientras que los elementos más ligeros, como el carbono, se dispersaron por el espacio circundante. Esto explica por qué la generación posterior, representada por PicII-503, está enriquecida con carbono pero carece de hierro, una firma química similar a las estrellas CEMP (pobres en metales y ricas en carbono) observadas en el halo de la Vía Láctea.
Los detalles de este descubrimiento, que funciona como una cápsula del tiempo del universo primitivo, fueron publicados en la prestigiosa revista Nature Astronomy el 16 de marzo de 2026. El análisis de PicII-503 es una pieza clave para rastrear la evolución química durante la infancia del universo y permite a los científicos poner a prueba modelos sobre el nacimiento de las primeras galaxias. Este tipo de investigaciones subraya la importancia de estudiar objetos remotos para comprender cómo los elementos fundamentales se distribuyeron tras el origen del todo, sentando las bases para la complejidad química que observamos hoy.